Estabamos en clase de pintura. Hace muchos años, no se cuantos ya. Y nos fijamos en una acuarela nueva colgada de la pared del Maestro.
-Pero... que bonita.- exclamó Giorzu, uno de los mas destacados alumnos en la clase. Todos nos agolpamos a contemplarla. Efectivamente, los colores, la luz, el paisaje... todo estaba tan bien conseguido que era de los cuadros que uno deseaba seguir mirando.
-¿Os gusta? pues estuve a punto de borrarla.- dijo el Maestro con su acostumbrada sonrisa, pipa en ristre.
-¿Borrarla? ¿por qué?
-Estaba muy mal, llena de defectos. No me gustaba nada. Y había llegado el momento ese en el que se queda atascado y no hay manera de seguir. Así que dispuesto ya a tirarla a la basura, se me ocurrió poner esas margaritas delante. (unas enormes margaritas, junto con unos hierbajos en un primer plano que eran en si el alma del cuadro). Y ya veis, esos hierbajos fueron los que la salvaron.
-Benditos hierbajos- dijo Giorzu
Nos acercamos todos a buscar defectos, aberraciones por las que la acuarela mereciera el castigo de ir a la basura.
Pero era imposible quitar la vista de las margaritas.
A mis trece años fue la primera leccion acerca de "desviar la atención". Después de eso, he visto muchas otras veces "margaritas" que pretendian desviar la atencion de defectos o grandes meteduras de pata.
Aún hay veces, cuando estoy a punto de tirar algo, que pienso en esas margaritas.
Ya no puedo pintar mas.
Muchas gracias a todos.
domingo, mayo 27, 2007
miércoles, mayo 23, 2007
sábado, mayo 19, 2007
Decepciones y otras Disfunciones
Parloteaba sin parar. Nerviosa, mirando a uno y otro lado. Y sin dejar de mover las manos. Estaba tan emocionada y radiante que yo no podía sino escucharla en silencio.
Estaba mas guapa, eso saltaba a la vista. Se habia pintado, (cosa rara en ella), y yo diria que la ropa era nueva. Le sentaba muy bien y... ¿podía ser que hubiera rejuvenecido?
Si, si, estaba mas joven, de eso no cabia duda.
Así que es cierto que el amor rejuvenece. O al menos, la ilusión.
Ella seguía hablando. Me contaba como había conocido a un chico, alguien maravilloso. Y guapísimo. Vamos, todo un hombre. No paraba de hablar de pequeñas cosas que el le decía, (cosas tan triviales y hasta aburridas, que no me siento con fuerzas para repetir ahora). Bueno, le había conocido por chat, como está tan de moda últimamente. Ya hace un mes que hablaban y ya era tiempo de conocerse, ¿no crees?. Además, es un encanto. Te gustara conocerle. Ya veras.
Bueno, te dejo, que llego tarde.
Salió con una sonrisa dando saltitos como una colegiala. Yo me quedé bebiendo despacio mi café con un punto de envidia y cuatro puntos de nostalgia.
Por eso me sorprendió tanto verla de nuevo solo 2 horas después.
Entró en la cafetería, ya sin brillo en los ojos, ni en el pelo, y con aspecto de haber envejecido 10 años en una sola tarde.
¿Que ha ocurrido?
pregunté preocupada.
Nada, nada. No quiero hablar. No quiero ni que digas nada ni que me preguntes ni que se lo digas a nadie. Nada. ¿Me oyes? Nada.
La curiosidad me desbordaba. ¿Que cosa tan horrible, espantosa e innombrable habia podido ocurrirle?.
Pero, pero... ¿ha pasado algo?¿te...te ha hecho daño?... no sabía como hacer las preguntas que se me amontonaban en la cabeza.
Me miró a los ojos con cara de enfado, solo dos puntos por debajo del odio y ocho por encima de la decepción.
No ha pasado nada. Nada. Y cuando digo nada es nada. Y no hablare mas.
Terminó su café de un trago y salió dando grandes zancadas.
Y yo me quedé con siete puntos de curiosidad y un punto de malicia, imaginando toda clase de cosas.
Por cierto, ¿te conté que me gustó El último viaje de Horacio Dos, de Eduardo Mendoza?
martes, mayo 15, 2007
Nubes de polvo
Me paré a escuchar una bellísima canción que con unas pocas palabras, describía el inmenso amor que desbordaba el alma de una joven cantante. La maravillosa melodía acunaba el corazón, incluso reprimí una lágrima que amenazaba con asomarse.
-¡Que bonito!- pensé...
Al seguir mi camino, me puse a canturrear esa canción, pero en mis labios no había emoción, y ni mi corazón ni mis ojos desbordaban amor, ni siquiera la mitad de lo que acababa de escuchar.
Un momento. ¿Donde se ha quedado el amor?. Me detuve a repasar buscando alguna esquina o algún minuto en el reloj donde se hubiera atascado, pero entonces un camión enorme pasó por delante, y la atención se desvió hacia la nube de polvo que se había levantado a mi alrededor, revolviendome el pelo y alborotando mis ropas.
-¡Hay que ver, van como locos!...- pensé.
Luego seguí caminando y se me olvidó que era lo que estaba cantando.
-¡Que bonito!- pensé...
Al seguir mi camino, me puse a canturrear esa canción, pero en mis labios no había emoción, y ni mi corazón ni mis ojos desbordaban amor, ni siquiera la mitad de lo que acababa de escuchar.
Un momento. ¿Donde se ha quedado el amor?. Me detuve a repasar buscando alguna esquina o algún minuto en el reloj donde se hubiera atascado, pero entonces un camión enorme pasó por delante, y la atención se desvió hacia la nube de polvo que se había levantado a mi alrededor, revolviendome el pelo y alborotando mis ropas.
-¡Hay que ver, van como locos!...- pensé.
Luego seguí caminando y se me olvidó que era lo que estaba cantando.
lunes, mayo 07, 2007
Las ventanas
Confieso con pudor que uno de mis entretenimientos favoritos mientras friego los cacharros es observar a los vecinos de la casa de en frente. Así es que me conozco las costumbres y usos matutinos de cada uno de ellos, resultando en ocasiones, realmente interesante.
Por ejemplo, no es dificil llegar a la conclusión de que el tercero derecha necesita una reforma integral antes de entrar a vivir, tal es el estado de dejadez en el que se encuentran sus persianas.
En el quinto, en cambio, vive un señor que acostumbra a pintar al oleo en el balcon. Nunca he podido ver lo que pinta, pero resulta asombroso verle acomodarse en un espacio tan pequeño sin que se le caiga nada a la calle.
En el segundo derecha, vive una abuela y lo que podria ser su nieta. Una jovencita entrada en carnes siempre malhumorada. Apenas hablan y la chica(que debe rondar la veintena) acostumbra a pasearse muy ligera de ropa por la habitación mientras habla por telefono. A veces parece hablar sola. La tremenda colección de ropa interior tendida en el balcón hace pensar que esa chica se cambia de bragas varias veces al día. Y su vecino de al lado, un venerable y orondo señor de entre 75 y 90 años, no sabría decir, se asoma hasta rozar la insensatez solo por ver a la muchacha(no creo que sea por la abuela, pero quién sabe) o tal vez se conforme con echar un ojo a la colorida exposición de ropa interior tendida en el balcón.
Pero sin duda, la reina de todos es la del cuarto derecha.
Aparece de mañana, sacudiendo sábanas y ventilando la casa. Su frenesí por la limpieza es extraordinario. Puede verse como da la vuelta a toda la habitación, sacando nubes de polvo por la ventana y limpiando cristales y persianas escrupulosamente.
Llevo 10 años en este edificio y ni un dia ha faltado a su cita con la bayeta. Y curiosamente, cuanto mas limpia tiene la casa, mas flaca se queda ella.
Ahora que llega el buen tiempo y viste ropas mas ligeras, puede verse como sus brazos son practicamente huesos. Las clavículas se le hunden tanto que da la sensación que va a romperse con cada esfuerzo.
Pero ella, infatigable, sigue afanandose en la limpieza diaria. Sus blanquísimas persianas son la envidia de todo el barrio, mientras da la sensación que ella está desapareciendo.
El otro dia me la encontré de casualidad en una tienda de ropa de niños. Se estaba probando una camiseta de la talla 16 y aún así, le quedaba holgada. Se miraba en el espejo tratando de acomodarse la camiseta, pero no acababa de convencerse. Se cambiaba de pose, se la estiraba para alante, para atras...
Entonces, frunció el ceño y sacó de un bolsillo una toallita. Ante mi sorpresa, echó el aliento en el espejo y lo frotó hasta quitarle una pequeña mancha. Una vez el espejo estuvo impoluto, ella sonrió y parece que ya se vió bien con la camiseta nueva.
-Me la llevo.- dijo a la dependienta con una sonrisa.
Está claro que todo depende del color del cristal con que se mira, o en algunos casos, de lo limpio que esté.
Por ejemplo, no es dificil llegar a la conclusión de que el tercero derecha necesita una reforma integral antes de entrar a vivir, tal es el estado de dejadez en el que se encuentran sus persianas.
En el quinto, en cambio, vive un señor que acostumbra a pintar al oleo en el balcon. Nunca he podido ver lo que pinta, pero resulta asombroso verle acomodarse en un espacio tan pequeño sin que se le caiga nada a la calle.
En el segundo derecha, vive una abuela y lo que podria ser su nieta. Una jovencita entrada en carnes siempre malhumorada. Apenas hablan y la chica(que debe rondar la veintena) acostumbra a pasearse muy ligera de ropa por la habitación mientras habla por telefono. A veces parece hablar sola. La tremenda colección de ropa interior tendida en el balcón hace pensar que esa chica se cambia de bragas varias veces al día. Y su vecino de al lado, un venerable y orondo señor de entre 75 y 90 años, no sabría decir, se asoma hasta rozar la insensatez solo por ver a la muchacha(no creo que sea por la abuela, pero quién sabe) o tal vez se conforme con echar un ojo a la colorida exposición de ropa interior tendida en el balcón.
Pero sin duda, la reina de todos es la del cuarto derecha.
Aparece de mañana, sacudiendo sábanas y ventilando la casa. Su frenesí por la limpieza es extraordinario. Puede verse como da la vuelta a toda la habitación, sacando nubes de polvo por la ventana y limpiando cristales y persianas escrupulosamente.
Llevo 10 años en este edificio y ni un dia ha faltado a su cita con la bayeta. Y curiosamente, cuanto mas limpia tiene la casa, mas flaca se queda ella.
Ahora que llega el buen tiempo y viste ropas mas ligeras, puede verse como sus brazos son practicamente huesos. Las clavículas se le hunden tanto que da la sensación que va a romperse con cada esfuerzo.
Pero ella, infatigable, sigue afanandose en la limpieza diaria. Sus blanquísimas persianas son la envidia de todo el barrio, mientras da la sensación que ella está desapareciendo.
El otro dia me la encontré de casualidad en una tienda de ropa de niños. Se estaba probando una camiseta de la talla 16 y aún así, le quedaba holgada. Se miraba en el espejo tratando de acomodarse la camiseta, pero no acababa de convencerse. Se cambiaba de pose, se la estiraba para alante, para atras...
Entonces, frunció el ceño y sacó de un bolsillo una toallita. Ante mi sorpresa, echó el aliento en el espejo y lo frotó hasta quitarle una pequeña mancha. Una vez el espejo estuvo impoluto, ella sonrió y parece que ya se vió bien con la camiseta nueva.
-Me la llevo.- dijo a la dependienta con una sonrisa.
Está claro que todo depende del color del cristal con que se mira, o en algunos casos, de lo limpio que esté.
La vida es bella
Dicen que la vida es más bonita en las peliculas.
Pero... donde realmente la vida es bella es en los anuncios.
Pero... donde realmente la vida es bella es en los anuncios.
sábado, mayo 05, 2007
Un beso y una lágrima
–Este pueblo está maldito. ¡Vete!, vete y no vuelvas nunca. Y si algún día te gana la nostalgia y regresas… No me busques. No toques a mi puerta porque no te abriré. Busca algo que te guste y hazlo, ámalo como amabas de niño la cabina del Cinema Paradiso. Desde hoy, ya no quiero oirte hablar; ahora, quiero oir hablar de ti.
1989. Cinema paradiso.
Director: Guiseppe Tornatore.
1989. Cinema paradiso.
Director: Guiseppe Tornatore.
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