sábado, mayo 19, 2007

Decepciones y otras Disfunciones


Parloteaba sin parar. Nerviosa, mirando a uno y otro lado. Y sin dejar de mover las manos. Estaba tan emocionada y radiante que yo no podía sino escucharla en silencio.
Estaba mas guapa, eso saltaba a la vista. Se habia pintado, (cosa rara en ella), y yo diria que la ropa era nueva. Le sentaba muy bien y... ¿podía ser que hubiera rejuvenecido?
Si, si, estaba mas joven, de eso no cabia duda.
Así que es cierto que el amor rejuvenece. O al menos, la ilusión.
Ella seguía hablando. Me contaba como había conocido a un chico, alguien maravilloso. Y guapísimo. Vamos, todo un hombre. No paraba de hablar de pequeñas cosas que el le decía, (cosas tan triviales y hasta aburridas, que no me siento con fuerzas para repetir ahora). Bueno, le había conocido por chat, como está tan de moda últimamente. Ya hace un mes que hablaban y ya era tiempo de conocerse, ¿no crees?. Además, es un encanto. Te gustara conocerle. Ya veras.
Bueno, te dejo, que llego tarde.
Salió con una sonrisa dando saltitos como una colegiala. Yo me quedé bebiendo despacio mi café con un punto de envidia y cuatro puntos de nostalgia.
Por eso me sorprendió tanto verla de nuevo solo 2 horas después.
Entró en la cafetería, ya sin brillo en los ojos, ni en el pelo, y con aspecto de haber envejecido 10 años en una sola tarde.
¿Que ha ocurrido?
pregunté preocupada.
Nada, nada. No quiero hablar. No quiero ni que digas nada ni que me preguntes ni que se lo digas a nadie. Nada. ¿Me oyes? Nada.
La curiosidad me desbordaba. ¿Que cosa tan horrible, espantosa e innombrable habia podido ocurrirle?.
Pero, pero... ¿ha pasado algo?¿te...te ha hecho daño?... no sabía como hacer las preguntas que se me amontonaban en la cabeza.
Me miró a los ojos con cara de enfado, solo dos puntos por debajo del odio y ocho por encima de la decepción.
No ha pasado nada. Nada. Y cuando digo nada es nada. Y no hablare mas.
Terminó su café de un trago y salió dando grandes zancadas.
Y yo me quedé con siete puntos de curiosidad y un punto de malicia, imaginando toda clase de cosas.


Por cierto, ¿te conté que me gustó El último viaje de Horacio Dos, de Eduardo Mendoza?

No hay comentarios.: