martes, febrero 13, 2007

El bocadillo de anchoas

Hay una historia que me gusta. Claro que no tiene por que gustarte a ti, por supuesto.
Esto eran dos niñas. Digamos de 10 y 12 años o por ahí. Merendaban tranquilamente sentadas en el bordillo de un portal pasando la tarde y conversando solo a ratos acerca de esto o aquello. Cuando de pronto se escuchó un atronador alarido al principio de la plaza.
-¡Estiiiiiiiiiiii!
La chavala mas pequeña se levantó como impulsada por un resorte.
-Oh, no. Mi hermano. Le he dejado el bocadillo de anchoas. Y él odia las anchoas. Y ahora viene a por mi...
Tras esta escueta y veloz explicación, Esti salió corriendo dando enormes zancadas tratando de poner tierra de por medio.
Y ante mis ojos, todo un espectaculo. Su hermano tenía fama de ser uno de los mejores corredores de la plaza, y era un par de años mayor que ella. (Y si nos ponemos a hacer confesiones, a mi me gustaba). Así que estaba claro que él la atraparía. Pero ella no se quedaba atras corriendo.
La plaza no es que fuera muy grande, pero cada vez que el estaba a punto de darle alcance, ella hacía un quiebro, le esquivaba y seguia corriendo en otra dirección.
Yo les seguía con la mirada, con el bocadillo en la mano.
Por fín, el alcanzó a su hermana y le propinó una serie de digamos... toñejas, hasta que consiguió hacerse con el resto del bocadillo.
Ella volvió hasta el portal frotandose la cabeza y con cara de fastidio.
-Corres mucho, Esti.
-Debería correr más.
-Si, yo creo que de mayor podrías ser corredora.
-Depende de los bocadillos de anchoas que haga mi madre....
La historia me gusta porque hace unos años descubrí en el periodico que la chica en cuestión era una joven promesa del atletismo, con varias carreras ganadas y un futuro prometedor.
-Vaya. Parece que si que puso muchos bocadillos de anchoas , por lo visto...- pensé.
Por cierto. Nunca llegué a nada con su hermano.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Si hubiéramos llegado a algo con todos los chicos que nos hacían gracia de pequeñas, no habríamos tenido tiempo de conocer a los que nos gustan de mayores.

Una bonita historia.

Un beso