jueves, junio 14, 2007
domingo, mayo 27, 2007
Adios
Estabamos en clase de pintura. Hace muchos años, no se cuantos ya. Y nos fijamos en una acuarela nueva colgada de la pared del Maestro.
-Pero... que bonita.- exclamó Giorzu, uno de los mas destacados alumnos en la clase. Todos nos agolpamos a contemplarla. Efectivamente, los colores, la luz, el paisaje... todo estaba tan bien conseguido que era de los cuadros que uno deseaba seguir mirando.
-¿Os gusta? pues estuve a punto de borrarla.- dijo el Maestro con su acostumbrada sonrisa, pipa en ristre.
-¿Borrarla? ¿por qué?
-Estaba muy mal, llena de defectos. No me gustaba nada. Y había llegado el momento ese en el que se queda atascado y no hay manera de seguir. Así que dispuesto ya a tirarla a la basura, se me ocurrió poner esas margaritas delante. (unas enormes margaritas, junto con unos hierbajos en un primer plano que eran en si el alma del cuadro). Y ya veis, esos hierbajos fueron los que la salvaron.
-Benditos hierbajos- dijo Giorzu
Nos acercamos todos a buscar defectos, aberraciones por las que la acuarela mereciera el castigo de ir a la basura.
Pero era imposible quitar la vista de las margaritas.
A mis trece años fue la primera leccion acerca de "desviar la atención". Después de eso, he visto muchas otras veces "margaritas" que pretendian desviar la atencion de defectos o grandes meteduras de pata.
Aún hay veces, cuando estoy a punto de tirar algo, que pienso en esas margaritas.
Ya no puedo pintar mas.
Muchas gracias a todos.
-Pero... que bonita.- exclamó Giorzu, uno de los mas destacados alumnos en la clase. Todos nos agolpamos a contemplarla. Efectivamente, los colores, la luz, el paisaje... todo estaba tan bien conseguido que era de los cuadros que uno deseaba seguir mirando.
-¿Os gusta? pues estuve a punto de borrarla.- dijo el Maestro con su acostumbrada sonrisa, pipa en ristre.
-¿Borrarla? ¿por qué?
-Estaba muy mal, llena de defectos. No me gustaba nada. Y había llegado el momento ese en el que se queda atascado y no hay manera de seguir. Así que dispuesto ya a tirarla a la basura, se me ocurrió poner esas margaritas delante. (unas enormes margaritas, junto con unos hierbajos en un primer plano que eran en si el alma del cuadro). Y ya veis, esos hierbajos fueron los que la salvaron.
-Benditos hierbajos- dijo Giorzu
Nos acercamos todos a buscar defectos, aberraciones por las que la acuarela mereciera el castigo de ir a la basura.
Pero era imposible quitar la vista de las margaritas.
A mis trece años fue la primera leccion acerca de "desviar la atención". Después de eso, he visto muchas otras veces "margaritas" que pretendian desviar la atencion de defectos o grandes meteduras de pata.
Aún hay veces, cuando estoy a punto de tirar algo, que pienso en esas margaritas.
Ya no puedo pintar mas.
Muchas gracias a todos.
miércoles, mayo 23, 2007
sábado, mayo 19, 2007
Decepciones y otras Disfunciones
Parloteaba sin parar. Nerviosa, mirando a uno y otro lado. Y sin dejar de mover las manos. Estaba tan emocionada y radiante que yo no podía sino escucharla en silencio.
Estaba mas guapa, eso saltaba a la vista. Se habia pintado, (cosa rara en ella), y yo diria que la ropa era nueva. Le sentaba muy bien y... ¿podía ser que hubiera rejuvenecido?
Si, si, estaba mas joven, de eso no cabia duda.
Así que es cierto que el amor rejuvenece. O al menos, la ilusión.
Ella seguía hablando. Me contaba como había conocido a un chico, alguien maravilloso. Y guapísimo. Vamos, todo un hombre. No paraba de hablar de pequeñas cosas que el le decía, (cosas tan triviales y hasta aburridas, que no me siento con fuerzas para repetir ahora). Bueno, le había conocido por chat, como está tan de moda últimamente. Ya hace un mes que hablaban y ya era tiempo de conocerse, ¿no crees?. Además, es un encanto. Te gustara conocerle. Ya veras.
Bueno, te dejo, que llego tarde.
Salió con una sonrisa dando saltitos como una colegiala. Yo me quedé bebiendo despacio mi café con un punto de envidia y cuatro puntos de nostalgia.
Por eso me sorprendió tanto verla de nuevo solo 2 horas después.
Entró en la cafetería, ya sin brillo en los ojos, ni en el pelo, y con aspecto de haber envejecido 10 años en una sola tarde.
¿Que ha ocurrido?
pregunté preocupada.
Nada, nada. No quiero hablar. No quiero ni que digas nada ni que me preguntes ni que se lo digas a nadie. Nada. ¿Me oyes? Nada.
La curiosidad me desbordaba. ¿Que cosa tan horrible, espantosa e innombrable habia podido ocurrirle?.
Pero, pero... ¿ha pasado algo?¿te...te ha hecho daño?... no sabía como hacer las preguntas que se me amontonaban en la cabeza.
Me miró a los ojos con cara de enfado, solo dos puntos por debajo del odio y ocho por encima de la decepción.
No ha pasado nada. Nada. Y cuando digo nada es nada. Y no hablare mas.
Terminó su café de un trago y salió dando grandes zancadas.
Y yo me quedé con siete puntos de curiosidad y un punto de malicia, imaginando toda clase de cosas.
Por cierto, ¿te conté que me gustó El último viaje de Horacio Dos, de Eduardo Mendoza?
martes, mayo 15, 2007
Nubes de polvo
Me paré a escuchar una bellísima canción que con unas pocas palabras, describía el inmenso amor que desbordaba el alma de una joven cantante. La maravillosa melodía acunaba el corazón, incluso reprimí una lágrima que amenazaba con asomarse.
-¡Que bonito!- pensé...
Al seguir mi camino, me puse a canturrear esa canción, pero en mis labios no había emoción, y ni mi corazón ni mis ojos desbordaban amor, ni siquiera la mitad de lo que acababa de escuchar.
Un momento. ¿Donde se ha quedado el amor?. Me detuve a repasar buscando alguna esquina o algún minuto en el reloj donde se hubiera atascado, pero entonces un camión enorme pasó por delante, y la atención se desvió hacia la nube de polvo que se había levantado a mi alrededor, revolviendome el pelo y alborotando mis ropas.
-¡Hay que ver, van como locos!...- pensé.
Luego seguí caminando y se me olvidó que era lo que estaba cantando.
-¡Que bonito!- pensé...
Al seguir mi camino, me puse a canturrear esa canción, pero en mis labios no había emoción, y ni mi corazón ni mis ojos desbordaban amor, ni siquiera la mitad de lo que acababa de escuchar.
Un momento. ¿Donde se ha quedado el amor?. Me detuve a repasar buscando alguna esquina o algún minuto en el reloj donde se hubiera atascado, pero entonces un camión enorme pasó por delante, y la atención se desvió hacia la nube de polvo que se había levantado a mi alrededor, revolviendome el pelo y alborotando mis ropas.
-¡Hay que ver, van como locos!...- pensé.
Luego seguí caminando y se me olvidó que era lo que estaba cantando.
lunes, mayo 07, 2007
Las ventanas
Confieso con pudor que uno de mis entretenimientos favoritos mientras friego los cacharros es observar a los vecinos de la casa de en frente. Así es que me conozco las costumbres y usos matutinos de cada uno de ellos, resultando en ocasiones, realmente interesante.
Por ejemplo, no es dificil llegar a la conclusión de que el tercero derecha necesita una reforma integral antes de entrar a vivir, tal es el estado de dejadez en el que se encuentran sus persianas.
En el quinto, en cambio, vive un señor que acostumbra a pintar al oleo en el balcon. Nunca he podido ver lo que pinta, pero resulta asombroso verle acomodarse en un espacio tan pequeño sin que se le caiga nada a la calle.
En el segundo derecha, vive una abuela y lo que podria ser su nieta. Una jovencita entrada en carnes siempre malhumorada. Apenas hablan y la chica(que debe rondar la veintena) acostumbra a pasearse muy ligera de ropa por la habitación mientras habla por telefono. A veces parece hablar sola. La tremenda colección de ropa interior tendida en el balcón hace pensar que esa chica se cambia de bragas varias veces al día. Y su vecino de al lado, un venerable y orondo señor de entre 75 y 90 años, no sabría decir, se asoma hasta rozar la insensatez solo por ver a la muchacha(no creo que sea por la abuela, pero quién sabe) o tal vez se conforme con echar un ojo a la colorida exposición de ropa interior tendida en el balcón.
Pero sin duda, la reina de todos es la del cuarto derecha.
Aparece de mañana, sacudiendo sábanas y ventilando la casa. Su frenesí por la limpieza es extraordinario. Puede verse como da la vuelta a toda la habitación, sacando nubes de polvo por la ventana y limpiando cristales y persianas escrupulosamente.
Llevo 10 años en este edificio y ni un dia ha faltado a su cita con la bayeta. Y curiosamente, cuanto mas limpia tiene la casa, mas flaca se queda ella.
Ahora que llega el buen tiempo y viste ropas mas ligeras, puede verse como sus brazos son practicamente huesos. Las clavículas se le hunden tanto que da la sensación que va a romperse con cada esfuerzo.
Pero ella, infatigable, sigue afanandose en la limpieza diaria. Sus blanquísimas persianas son la envidia de todo el barrio, mientras da la sensación que ella está desapareciendo.
El otro dia me la encontré de casualidad en una tienda de ropa de niños. Se estaba probando una camiseta de la talla 16 y aún así, le quedaba holgada. Se miraba en el espejo tratando de acomodarse la camiseta, pero no acababa de convencerse. Se cambiaba de pose, se la estiraba para alante, para atras...
Entonces, frunció el ceño y sacó de un bolsillo una toallita. Ante mi sorpresa, echó el aliento en el espejo y lo frotó hasta quitarle una pequeña mancha. Una vez el espejo estuvo impoluto, ella sonrió y parece que ya se vió bien con la camiseta nueva.
-Me la llevo.- dijo a la dependienta con una sonrisa.
Está claro que todo depende del color del cristal con que se mira, o en algunos casos, de lo limpio que esté.
Por ejemplo, no es dificil llegar a la conclusión de que el tercero derecha necesita una reforma integral antes de entrar a vivir, tal es el estado de dejadez en el que se encuentran sus persianas.
En el quinto, en cambio, vive un señor que acostumbra a pintar al oleo en el balcon. Nunca he podido ver lo que pinta, pero resulta asombroso verle acomodarse en un espacio tan pequeño sin que se le caiga nada a la calle.
En el segundo derecha, vive una abuela y lo que podria ser su nieta. Una jovencita entrada en carnes siempre malhumorada. Apenas hablan y la chica(que debe rondar la veintena) acostumbra a pasearse muy ligera de ropa por la habitación mientras habla por telefono. A veces parece hablar sola. La tremenda colección de ropa interior tendida en el balcón hace pensar que esa chica se cambia de bragas varias veces al día. Y su vecino de al lado, un venerable y orondo señor de entre 75 y 90 años, no sabría decir, se asoma hasta rozar la insensatez solo por ver a la muchacha(no creo que sea por la abuela, pero quién sabe) o tal vez se conforme con echar un ojo a la colorida exposición de ropa interior tendida en el balcón.
Pero sin duda, la reina de todos es la del cuarto derecha.
Aparece de mañana, sacudiendo sábanas y ventilando la casa. Su frenesí por la limpieza es extraordinario. Puede verse como da la vuelta a toda la habitación, sacando nubes de polvo por la ventana y limpiando cristales y persianas escrupulosamente.
Llevo 10 años en este edificio y ni un dia ha faltado a su cita con la bayeta. Y curiosamente, cuanto mas limpia tiene la casa, mas flaca se queda ella.
Ahora que llega el buen tiempo y viste ropas mas ligeras, puede verse como sus brazos son practicamente huesos. Las clavículas se le hunden tanto que da la sensación que va a romperse con cada esfuerzo.
Pero ella, infatigable, sigue afanandose en la limpieza diaria. Sus blanquísimas persianas son la envidia de todo el barrio, mientras da la sensación que ella está desapareciendo.
El otro dia me la encontré de casualidad en una tienda de ropa de niños. Se estaba probando una camiseta de la talla 16 y aún así, le quedaba holgada. Se miraba en el espejo tratando de acomodarse la camiseta, pero no acababa de convencerse. Se cambiaba de pose, se la estiraba para alante, para atras...
Entonces, frunció el ceño y sacó de un bolsillo una toallita. Ante mi sorpresa, echó el aliento en el espejo y lo frotó hasta quitarle una pequeña mancha. Una vez el espejo estuvo impoluto, ella sonrió y parece que ya se vió bien con la camiseta nueva.
-Me la llevo.- dijo a la dependienta con una sonrisa.
Está claro que todo depende del color del cristal con que se mira, o en algunos casos, de lo limpio que esté.
La vida es bella
Dicen que la vida es más bonita en las peliculas.
Pero... donde realmente la vida es bella es en los anuncios.
Pero... donde realmente la vida es bella es en los anuncios.
sábado, mayo 05, 2007
Un beso y una lágrima
–Este pueblo está maldito. ¡Vete!, vete y no vuelvas nunca. Y si algún día te gana la nostalgia y regresas… No me busques. No toques a mi puerta porque no te abriré. Busca algo que te guste y hazlo, ámalo como amabas de niño la cabina del Cinema Paradiso. Desde hoy, ya no quiero oirte hablar; ahora, quiero oir hablar de ti.
1989. Cinema paradiso.
Director: Guiseppe Tornatore.
1989. Cinema paradiso.
Director: Guiseppe Tornatore.
| cinema paradiso pi... |
jueves, abril 26, 2007
Mujeres desesperadas
-¿Tu sabes cuanto me he aburrido hoy?, he estado a punto de limpiar la casa- dice una bellísima Eva Longoria a su marido, poco antes de echarse un amante.
Tiene gracia porque conozco a una amiga que también se aburría mucho, y que tras darse cuenta que la limpieza aún le aburria mas, se echó un amante para pasar las tardes.
Lo cual me hace pensar que el triángulo Aburrimiento-Limpieza-Infidelidad está bastante extendido.
Eso y que las mujeres nos desesperamos también muy fácilmente, al parecer.
Tiene gracia porque conozco a una amiga que también se aburría mucho, y que tras darse cuenta que la limpieza aún le aburria mas, se echó un amante para pasar las tardes.
Lo cual me hace pensar que el triángulo Aburrimiento-Limpieza-Infidelidad está bastante extendido.
Eso y que las mujeres nos desesperamos también muy fácilmente, al parecer.
miércoles, abril 25, 2007
Sin noticias
La última vez que la ví me aseguró entre lágrimas que me escribiría. Que no me preocupase, que estaría bien.
Fue un momento muy intenso. Nos abrazamos largo rato, medio llorando medio riendo, sin saber bien con que emoción quedarnos. Anochecía lentamente.
Le dije que ahora tenía la ocasión de poder decir cualquier cosa, la que fuera, que yo lo leería todo, sin importarme nada si estaba bien o mal. Solo quería saber noticias suyas.
Y ella me dijo que no quería preocuparme, y que nunca, nunca escribiría nada triste. Ninguna cosa mala.
Hace mucho que no se de ella.
Mucho.
Fue un momento muy intenso. Nos abrazamos largo rato, medio llorando medio riendo, sin saber bien con que emoción quedarnos. Anochecía lentamente.
Le dije que ahora tenía la ocasión de poder decir cualquier cosa, la que fuera, que yo lo leería todo, sin importarme nada si estaba bien o mal. Solo quería saber noticias suyas.
Y ella me dijo que no quería preocuparme, y que nunca, nunca escribiría nada triste. Ninguna cosa mala.
Hace mucho que no se de ella.
Mucho.
martes, abril 24, 2007
Escenas de primavera
Dicen que es imposible estornudar sin cerrar los ojos. Que es un acto reflejo y no puede controlarse. Y que nunca se estornuda mientras uno está durmiendo, (al contrario de la tos, curiosamente). También dicen que si estornudas tres veces seguidas sin que nadie diga "Jesús" el alma se te escapa y cualquier diablo puede apoderarse de ella.
Algunas personas acostumbran siempre a estornudar siempre de tres en tres veces. Otros, llegan a estornudar 17 veces seguidas.
La primavera nos ofrece a diario todo un muestrario de estornudos y estornudantes, que procuran pasar el mal rato lo mas discretamente posible.
Pues bien, ignoro qué diablo me aguarda cada dia al doblar la esquina de mi propia casa y se divierte haciendome estornudar 3 veces a las 9 de la mañana, pero ahí está. No falla. Y si, puedo asegurar que no se puede estornudar con los ojos abiertos. Tan es así que debo detenerme a terminar con la serie loca de estornudos antes de seguir caminando, o corro el peligro de tropezarme con algún viandante al cual no puedo ver.
Y eso que en la esquina no hay flores, ni nada parecido. Solo una tienda de ropa, un semaforo, una papelera y ¡ah! un perro atado a la farola que aguarda paciente que vengan a rescatarlo.
Si esto sigue así no estoy segura de conservar mi alma hasta el final de Junio.
Algunas personas acostumbran siempre a estornudar siempre de tres en tres veces. Otros, llegan a estornudar 17 veces seguidas.
La primavera nos ofrece a diario todo un muestrario de estornudos y estornudantes, que procuran pasar el mal rato lo mas discretamente posible.
Pues bien, ignoro qué diablo me aguarda cada dia al doblar la esquina de mi propia casa y se divierte haciendome estornudar 3 veces a las 9 de la mañana, pero ahí está. No falla. Y si, puedo asegurar que no se puede estornudar con los ojos abiertos. Tan es así que debo detenerme a terminar con la serie loca de estornudos antes de seguir caminando, o corro el peligro de tropezarme con algún viandante al cual no puedo ver.
Y eso que en la esquina no hay flores, ni nada parecido. Solo una tienda de ropa, un semaforo, una papelera y ¡ah! un perro atado a la farola que aguarda paciente que vengan a rescatarlo.
Si esto sigue así no estoy segura de conservar mi alma hasta el final de Junio.
lunes, abril 23, 2007
Miradas
Hoy me ha mirado un señor que iba con su perro a la plaza, supongo que porque casi nos hemos tropezado al doblar la esquina, tambien me ha mirado la panadera, una conocida que incluso me ha saludado rápidamente al pasar, el encargado de la limpieza del garaje, que además me ha dejado pasar antes de aparcar su coche, el conserje de la oficina que iba de su silla a los buzones, los compañeros de trabajo que se han interesado (cortés pero indiferentemente) acerca de mi recién pasado fin de semana, a los cuales he contestado (cortés pero indiferentemente también) que muy bien, que todo estupendo y ellos ¿que tal? también bien, estupendo pues.
Me ha mirado mucha gente hoy, si nos ponemos a contar, pero en realidad, creo que no me ha visto nadie.
¿Y yo? ¿he visto a alguien?
Ayyyy que malos son los lunes a veces...
Me ha mirado mucha gente hoy, si nos ponemos a contar, pero en realidad, creo que no me ha visto nadie.
¿Y yo? ¿he visto a alguien?
Ayyyy que malos son los lunes a veces...
jueves, abril 19, 2007
Consuelos y Desconsuelos
Oído al pasar:
...El consuelo del cambio climatico es que algún día todo el mundo odiará el verano
...El consuelo del cambio climatico es que algún día todo el mundo odiará el verano
miércoles, abril 18, 2007
Oda al aburrimiento.
Dios Mio! Pero cómo se puede estar tan aburrido!!!. El tiempo se burla de mi y pasa hacia atras, como le ocurrió una vez a Bart Simpson en un episodio... ¿sabes cual digo? ... no importa. Es que me aburro.
Aprovecho y termino esa lista de numeros que tenía pendiente, y que nunca me animaba a rellenar. Y me pongo un té. Y otro. Y abro el periodico. Y miro el correo. Nada. Ni siquiera spam. ¡Que desastre de vida social llevo!
Me levanto. Ordeno el archivo. Miro por la ventana. La abro. Un niño grita sin pudor a su madre:
-Me escuece mucho el culooooo
La madre le coge de la mano y agiliza el paso, deseando llegar a su casa. Un par de ejecutivos entran en el edificio. Otro deja de fumar apresuradamente para aprovechar la puerta que está abierta. No queda nadie en la calle. Se ve que era hora punta.
Vuelvo al ordenador. Ningún correo. ¿y el fax? no, tampoco se anima a mandarme nada.
A ver la hora.... nada, aun nada.
Creo que me escribiré un correo electronico. A lo mejor hasta me respondo. Y luego, puede que me saque una foto...
No eso resultaría demasiado excentrico.
Aprovecho y termino esa lista de numeros que tenía pendiente, y que nunca me animaba a rellenar. Y me pongo un té. Y otro. Y abro el periodico. Y miro el correo. Nada. Ni siquiera spam. ¡Que desastre de vida social llevo!
Me levanto. Ordeno el archivo. Miro por la ventana. La abro. Un niño grita sin pudor a su madre:
-Me escuece mucho el culooooo
La madre le coge de la mano y agiliza el paso, deseando llegar a su casa. Un par de ejecutivos entran en el edificio. Otro deja de fumar apresuradamente para aprovechar la puerta que está abierta. No queda nadie en la calle. Se ve que era hora punta.
Vuelvo al ordenador. Ningún correo. ¿y el fax? no, tampoco se anima a mandarme nada.
A ver la hora.... nada, aun nada.
Creo que me escribiré un correo electronico. A lo mejor hasta me respondo. Y luego, puede que me saque una foto...
No eso resultaría demasiado excentrico.
miércoles, abril 11, 2007
martes, abril 10, 2007
Piedras y tierra
Es la hermana mayor de Cantabria. Podrían ir de la mano, con sus montañas y valles, separadas tan solo por la orgullosa Asturias, empeñada siempre en ser tan bella y robusta.
Galicia está hecha en piedra y comida por líquenes amarillentos, como ocurre en los cementerios. Ese país que por siglos fue el final de la tierra aguanta impertérrito todos los azotes del mar y los castigos del agua y el viento. La tierra parece no haber terminado de encontrar un lugar cómodo para descansar así que de cuando en cuando tiembla, sacudiendo las rocas y asustando a los niños. Come barcos enteros, bebe hasta atragantarse toda la escoria arrastrada por el oceano. Trampolín privilegiado para traficantes, es observado por ojos cansados de pescadores y mujeres eternas sentadas encima de redes, siempre, siempre trabajando.
Sabores fuertes y cocina humeante.
Siempre se oyen cantos de gaviotas.
Galicia está hecha en piedra y comida por líquenes amarillentos, como ocurre en los cementerios. Ese país que por siglos fue el final de la tierra aguanta impertérrito todos los azotes del mar y los castigos del agua y el viento. La tierra parece no haber terminado de encontrar un lugar cómodo para descansar así que de cuando en cuando tiembla, sacudiendo las rocas y asustando a los niños. Come barcos enteros, bebe hasta atragantarse toda la escoria arrastrada por el oceano. Trampolín privilegiado para traficantes, es observado por ojos cansados de pescadores y mujeres eternas sentadas encima de redes, siempre, siempre trabajando.
Sabores fuertes y cocina humeante.
Siempre se oyen cantos de gaviotas.
Cinco de Abril del Dosmilsiete
Cuaderno de bitácora de ahí fuera, donde no hay ladrillos de ciudad, o al menos, hay pocos.
Los árboles grandes no se fian del sol y sus tercas ramas aún no se animan a dejarse crecer las hojas. En cambio, los mas pequeños, desafiantes y burlones, exhiben sus verdes cabelleras, sin pensar siquiera en lo cansados que estarán a finales de agosto.
Por eso, el paisaje todavía es solo una alfombra seca y marrón. Salpicada de flores ocasionales y pequeñas extensiones de verde.
La primavera no puede hacer olvidar el invierno.
Por el momento.
Los árboles grandes no se fian del sol y sus tercas ramas aún no se animan a dejarse crecer las hojas. En cambio, los mas pequeños, desafiantes y burlones, exhiben sus verdes cabelleras, sin pensar siquiera en lo cansados que estarán a finales de agosto.
Por eso, el paisaje todavía es solo una alfombra seca y marrón. Salpicada de flores ocasionales y pequeñas extensiones de verde.
La primavera no puede hacer olvidar el invierno.
Por el momento.
miércoles, abril 04, 2007
La importancia de un buen titulo
La madre acababa de recoger a la niña de ocho años, con una ristra de tareas aun por hacer, las ocho de la tarde a punto de dar en el reloj y el cielo amenazando lluvia.
- Entonces... ¿has hecho los deberes?- preguntó mecánicamente, mientras andaba rápido por la ciudad.
-Siii, claro.- decía arrastrandose la niña.
-¿las mates tambien?
-si, tambieeeeen.
-Y lo de lengua, ¿también?
-Si, y he escrito un cuento. ¿quieres que te lo cuente?
-¿Un cuento?- preguntó la madre mirando al reloj y apresurando el paso- es estupendo, si, luego me lo leerás, en casa, ahora tenemos que pasar por eroski, y luego por la fruta... y tengo que recoger en el zapatero aun las botas... y van a cerrar...
-Se titula Uniendose al canibalismo.
La madre se detuvo en seco. Abrió los ojos y arqueó las cejas.
-¿que?
-¿Te lo leo?
Y en el mismo medio de la calle, la niña empezó a leer
Me han encargado que escriba, asi que escribiré esta historia. Puede que luego te arrepientas de habermelo pedido, pero asi son las cosas.
Erase una vez una familia de millonarios. Había tres hijos, dos niños y una niña. Los padres eran avariciosos y siempre trabajaban por dinero, entonces nunca veian a sus hijos. Ni siquiera sabian los niños si les querían. Los mayordomos cocineros y amas de llaves se cansaban de trabajar dia y noche y no les daban dinero ni minutos de descanso. Hasta que un dia los serviciantes dimitieron y se fueron. Los padres no se divertian tanto como antes y los niños tenian hambre. Ya no les quedaba ni un penique y los padres se unieron al canibalismo. Se comieron a la gente que pasaba por alli. Y los niños cada vez tenian mas miedo. Los padres se querian comer a sus hijos asi que los niños se fueron de casa. Ya perdidos y hambrientos se preguntaron que estarian haciendo sus padres, pues se habian comido unos a otros.
Pero los niños eran mas listos que sus padres, y encontraron una ciudad. y a los catorce o quince años, entonces ya eran bastante mayores y decidieron trabajar de peluqueros. Asi tenian comida y techo y dinero para ahorrar. A los diecinueve ya podian ingresar en un banco y por casualidad, encontraron a sus antiguos mayordomos y a la niña le entro un hambre tremendo y a los hermanos tambien y se dieron cuenta que se querian comer a los mayordomos aunque tenian bastante dinero. Y despues se comieron unos entre otros hasta que quedo uno que se comio tambien el mismo. Pero recuerda, esto es solo un cuento. fin. ¿Tu crees que lo podré leer en clase?
-Una cosa es segura - dijo la madre aun sin creerse del todo el relato que acababa de oir - en cuanto oigan el título todo el mundo querrá escucharlo.
- Entonces... ¿has hecho los deberes?- preguntó mecánicamente, mientras andaba rápido por la ciudad.
-Siii, claro.- decía arrastrandose la niña.
-¿las mates tambien?
-si, tambieeeeen.
-Y lo de lengua, ¿también?
-Si, y he escrito un cuento. ¿quieres que te lo cuente?
-¿Un cuento?- preguntó la madre mirando al reloj y apresurando el paso- es estupendo, si, luego me lo leerás, en casa, ahora tenemos que pasar por eroski, y luego por la fruta... y tengo que recoger en el zapatero aun las botas... y van a cerrar...
-Se titula Uniendose al canibalismo.
La madre se detuvo en seco. Abrió los ojos y arqueó las cejas.
-¿que?
-¿Te lo leo?
Y en el mismo medio de la calle, la niña empezó a leer
Me han encargado que escriba, asi que escribiré esta historia. Puede que luego te arrepientas de habermelo pedido, pero asi son las cosas.
Erase una vez una familia de millonarios. Había tres hijos, dos niños y una niña. Los padres eran avariciosos y siempre trabajaban por dinero, entonces nunca veian a sus hijos. Ni siquiera sabian los niños si les querían. Los mayordomos cocineros y amas de llaves se cansaban de trabajar dia y noche y no les daban dinero ni minutos de descanso. Hasta que un dia los serviciantes dimitieron y se fueron. Los padres no se divertian tanto como antes y los niños tenian hambre. Ya no les quedaba ni un penique y los padres se unieron al canibalismo. Se comieron a la gente que pasaba por alli. Y los niños cada vez tenian mas miedo. Los padres se querian comer a sus hijos asi que los niños se fueron de casa. Ya perdidos y hambrientos se preguntaron que estarian haciendo sus padres, pues se habian comido unos a otros.
Pero los niños eran mas listos que sus padres, y encontraron una ciudad. y a los catorce o quince años, entonces ya eran bastante mayores y decidieron trabajar de peluqueros. Asi tenian comida y techo y dinero para ahorrar. A los diecinueve ya podian ingresar en un banco y por casualidad, encontraron a sus antiguos mayordomos y a la niña le entro un hambre tremendo y a los hermanos tambien y se dieron cuenta que se querian comer a los mayordomos aunque tenian bastante dinero. Y despues se comieron unos entre otros hasta que quedo uno que se comio tambien el mismo. Pero recuerda, esto es solo un cuento. fin. ¿Tu crees que lo podré leer en clase?
-Una cosa es segura - dijo la madre aun sin creerse del todo el relato que acababa de oir - en cuanto oigan el título todo el mundo querrá escucharlo.
martes, marzo 20, 2007
Bizcocho de verano
Recuerdo que la primera vez que preparé un bizcocho no estaba sola del todo en la cocina.
Era una tarde de verano, de esas de mucho calor, donde hasta el aire se vuelve pegajoso y se te queda en el cuerpo una sensación de humedad que no se va aunque te pongas debajo del ventilador o te des una ducha.
Todo el mundo parecía haber abandonado la ciudad, No había nadie en casa, y el aburrimiento hizo el resto.
Si señor.
Cocinaría un bizcocho.
Al abrir la ventana de la cocina ví como se movian las cortinas de enfrente. Era Carlos, el vecino. Sabía que me espiaba a veces, (y mas aún en ese aburrido y largo, laaargo verano). Pero lejos de molestarme, aquello me divertía y decidí apartar las cortinas dejándole una buena vista de lo que pasaba en la cocina.
Harina, huevos, leche... lo tenía todo. Lo que mas me costó fue encontrar fue el bol. Necesitaba un bol donde hacer la masa. Lo había visto miles de veces en la tele. Tuve que subirme en una silla y revolver los cacharros hasta que apareció uno adecuado. El esfuerzo hizo que el sudor empezara a correr por la espalda y me recogí el pelo en una coleta.
En frente, la cortina se movió, seguramente Carlos buscaba una postura mas cómoda para seguir observandome.
Mi inexperiencia hizo aparecer una nube blanca al verter de golpe la harina y me hizo toser. Miré alrededor deseando que mi querido y no invitado vecino no se hubiera percatado de mi torpeza. Para arreglarlo, casqué los huevos con firmeza, separando las yemas de las claras bastante profesionalmente, me atrevería a decir.
Despues de añadir las yemas a la harina me puse a batirlas enérgicamente, empeñandome en hacer un esponjoso bizcocho solo con la mitad de los ingredientes.
Por más fuerza con la que le daba, mas espeso me quedaba. Hasta que me dí cuenta. No le había puesto la leche.
El horno que ya llevaba unos diez minutos encendido, no hacía sino aumentar la temperatura, y en ese momento, ya tenía la camiseta de tirantes completamente pegada a la piel. Empecé a pensar si no hubiera sido mejor hacer otra cosa. Pero ahora no podía echarme atras, tenía que terminarlo. Asi que lancé una mirada a mi curioso vecino, que se habia asomado ahora sin pudor y no quitaba ojo de mis enérgicos movimientos al batir la mezcla. Por fin y tras añadir despacio la leche, batiendo de vez en cuando, la masa para bizcocho consiguió la densidad adecuada, y la probé metiendo un dedo en el recipiente. Mi lengua en seguida dió la voz de alarma al saborear la mezcla.
Azucar.
Está bien, le pondremos azucar. Pensé.
Acalorada como estaba por el calor de la tarde, mis afanados esfuerzos al batir y el despiadado horno, que seguía escupiendo calor, me puse a abrir todos los armarios en desesperada busqueda del azucar. Arriba. Abajo. En medio... Otro... otro mas.. ¡Ah!, ¡si!, ¡ahi!, ¡al fondo!. Era cuestion de estirarse un poco mas...
Una vez añadidas 6 cucharadas de azucar, vertí la cremosa mezcla en un molde y tras probarlo de nuevo, lo metí en el horno.
Esperé los 20 minutos asomada a la ventana, en busca de algún aire fresco que viniese de la calle, pero sin conseguir alivio a mi calor. El vecino aprovechó para, con aire descuidado, saludarme, como si acabara de verme por casualidad. El dulce y penetrante olor del bizcocho acompañó nuestra conversación hasta que la campanita del horno dió el aviso.
Rápidamente, lo saqué del horno entre una nube de calor.
Olía deliciosamente. Casi escandalosamente. Y me alegré de haber pasado tanto calor entre cacharros, harina y leche. Para terminar, lo cubrí con mermelada de arándanos, esparciendo minuciosamente por todas partes toda la que tenía en la nevera. Aún pude rebañar el bote con los dedos.
Un toque de azucar glacé coronó aquel inesperado bizcocho de verano, que dejé en la ventana con una sonrisa.
El vecino me premió con bien merecido un aplauso.
Ninguno de los dos comimos bizcocho aquella tarde. Pero el intenso y delicioso aroma envolvió toda la vecindad, y aún se olía al final de la noche, dando la bienvenida a aquellos que habían pasado fuera aquel caluroso día.
Era una tarde de verano, de esas de mucho calor, donde hasta el aire se vuelve pegajoso y se te queda en el cuerpo una sensación de humedad que no se va aunque te pongas debajo del ventilador o te des una ducha.
Todo el mundo parecía haber abandonado la ciudad, No había nadie en casa, y el aburrimiento hizo el resto.
Si señor.
Cocinaría un bizcocho.
Al abrir la ventana de la cocina ví como se movian las cortinas de enfrente. Era Carlos, el vecino. Sabía que me espiaba a veces, (y mas aún en ese aburrido y largo, laaargo verano). Pero lejos de molestarme, aquello me divertía y decidí apartar las cortinas dejándole una buena vista de lo que pasaba en la cocina.
Harina, huevos, leche... lo tenía todo. Lo que mas me costó fue encontrar fue el bol. Necesitaba un bol donde hacer la masa. Lo había visto miles de veces en la tele. Tuve que subirme en una silla y revolver los cacharros hasta que apareció uno adecuado. El esfuerzo hizo que el sudor empezara a correr por la espalda y me recogí el pelo en una coleta.
En frente, la cortina se movió, seguramente Carlos buscaba una postura mas cómoda para seguir observandome.
Mi inexperiencia hizo aparecer una nube blanca al verter de golpe la harina y me hizo toser. Miré alrededor deseando que mi querido y no invitado vecino no se hubiera percatado de mi torpeza. Para arreglarlo, casqué los huevos con firmeza, separando las yemas de las claras bastante profesionalmente, me atrevería a decir.
Despues de añadir las yemas a la harina me puse a batirlas enérgicamente, empeñandome en hacer un esponjoso bizcocho solo con la mitad de los ingredientes.
Por más fuerza con la que le daba, mas espeso me quedaba. Hasta que me dí cuenta. No le había puesto la leche.
El horno que ya llevaba unos diez minutos encendido, no hacía sino aumentar la temperatura, y en ese momento, ya tenía la camiseta de tirantes completamente pegada a la piel. Empecé a pensar si no hubiera sido mejor hacer otra cosa. Pero ahora no podía echarme atras, tenía que terminarlo. Asi que lancé una mirada a mi curioso vecino, que se habia asomado ahora sin pudor y no quitaba ojo de mis enérgicos movimientos al batir la mezcla. Por fin y tras añadir despacio la leche, batiendo de vez en cuando, la masa para bizcocho consiguió la densidad adecuada, y la probé metiendo un dedo en el recipiente. Mi lengua en seguida dió la voz de alarma al saborear la mezcla.
Azucar.
Está bien, le pondremos azucar. Pensé.
Acalorada como estaba por el calor de la tarde, mis afanados esfuerzos al batir y el despiadado horno, que seguía escupiendo calor, me puse a abrir todos los armarios en desesperada busqueda del azucar. Arriba. Abajo. En medio... Otro... otro mas.. ¡Ah!, ¡si!, ¡ahi!, ¡al fondo!. Era cuestion de estirarse un poco mas...
Una vez añadidas 6 cucharadas de azucar, vertí la cremosa mezcla en un molde y tras probarlo de nuevo, lo metí en el horno.
Esperé los 20 minutos asomada a la ventana, en busca de algún aire fresco que viniese de la calle, pero sin conseguir alivio a mi calor. El vecino aprovechó para, con aire descuidado, saludarme, como si acabara de verme por casualidad. El dulce y penetrante olor del bizcocho acompañó nuestra conversación hasta que la campanita del horno dió el aviso.
Rápidamente, lo saqué del horno entre una nube de calor.
Olía deliciosamente. Casi escandalosamente. Y me alegré de haber pasado tanto calor entre cacharros, harina y leche. Para terminar, lo cubrí con mermelada de arándanos, esparciendo minuciosamente por todas partes toda la que tenía en la nevera. Aún pude rebañar el bote con los dedos.
Un toque de azucar glacé coronó aquel inesperado bizcocho de verano, que dejé en la ventana con una sonrisa.
El vecino me premió con bien merecido un aplauso.
Ninguno de los dos comimos bizcocho aquella tarde. Pero el intenso y delicioso aroma envolvió toda la vecindad, y aún se olía al final de la noche, dando la bienvenida a aquellos que habían pasado fuera aquel caluroso día.
viernes, marzo 16, 2007
lunes, marzo 12, 2007
Envidia
La conozco de vista, desde hace un tiempo. Bueno, y también el resto del barrio, claro.
Tiene unas piernas largas, larguísimas, tan perfectas que parecen imposibles, casi siempre embutidas en ajustados vaqueros que marcan sus redondeces rayando el escándalo. Y que decir de su melena, rizada y abundante, hasta la cintura, luciendo un brillo y desprendiendo un aroma tan sutil que dan deseos tocar o cuando menos, aspirar. Para colmo, es bellísima, como si se tratase de una muñeca, siempre perfectamente maquillada, desprendiendo dulzura por todos sus poros.
Tan perfecta es que siempre la he envidiado, a pesar de que no se nada de ella. Si está soltera o casada, o si tiene novio, o si le va bien en la vida, o si es feliz. Da igual.
Bueno, pues el otro dia, me la encontré en el metro. Ya era tarde, de regreso a casa, mientras yo viajaba con otras caras cansadas y silenciosas.
Esperaba sentada en un banco de la estación, confiando que el cartel luminoso que anunciaba el proximo tren para dentro de 5 minutos, no estuviera burlandose de nosotros.
Y entonces apareció ella. Sus andares seductores hicieron volver la cabeza a los últimos viajeros del día, regalandoles una provocativa imagen en la que pensar para terminar la jornada. Sin titubear, ella se sentó a mi lado. No llevaba vaqueros esta vez, sino una falda tubo con una impresionante abertura que no hacía mas que alargar aún mas sus piernas.
Tenía unos zapatos preciosos, de tacon de aguja y puntera afilada, con una coqueta hebilla que dibujaba unos pies perfectos como debían ser los de cenicienta.
Entonces, ante mi estupor, se dirigió a mi pidiendome un kleenex.
-Si, claro.... toma- dije automáticamente, tendiendole todo el paquete. (Cada vez que me piden un kleenex, siempre doy todo el paquete, no se por qué).
-No, no, solo quiero uno, muchas gracias.- dijo sacando rápidamente del paquete un pañuelo y recortandolo con gran habilidad.
Ante mi sorpresa, se quitó un zapato y la media de cristal que le llegaba hasta medio muslo, y habilmente se hizo una funda de papel para uno de los dedos del pie mientras se explicaba:
-Estos zapatos me hacen mucho daño... además, tengo una ampolla y se me ha reventado, y ahora esta todo lleno de agüilla...
Todos esos detalles en realidad, me estaban sobrando, pero aún asi, mentí:
-Si, claro, es normal.... a mi tambien me pasa...
Volvió a colocarse la media, el zapato, y se puso en pie para entrar en el metro. Sus andares cadenciosos, su porte impecable. Encontró asiento y cruzó sus piernas al sentarse.
-Desde luego, - me dije mientras pensaba en el par de tiritas que tenía en el bolso - hay que ver que zapatos mas bonitos...
Tiene unas piernas largas, larguísimas, tan perfectas que parecen imposibles, casi siempre embutidas en ajustados vaqueros que marcan sus redondeces rayando el escándalo. Y que decir de su melena, rizada y abundante, hasta la cintura, luciendo un brillo y desprendiendo un aroma tan sutil que dan deseos tocar o cuando menos, aspirar. Para colmo, es bellísima, como si se tratase de una muñeca, siempre perfectamente maquillada, desprendiendo dulzura por todos sus poros.
Tan perfecta es que siempre la he envidiado, a pesar de que no se nada de ella. Si está soltera o casada, o si tiene novio, o si le va bien en la vida, o si es feliz. Da igual.
Bueno, pues el otro dia, me la encontré en el metro. Ya era tarde, de regreso a casa, mientras yo viajaba con otras caras cansadas y silenciosas.
Esperaba sentada en un banco de la estación, confiando que el cartel luminoso que anunciaba el proximo tren para dentro de 5 minutos, no estuviera burlandose de nosotros.
Y entonces apareció ella. Sus andares seductores hicieron volver la cabeza a los últimos viajeros del día, regalandoles una provocativa imagen en la que pensar para terminar la jornada. Sin titubear, ella se sentó a mi lado. No llevaba vaqueros esta vez, sino una falda tubo con una impresionante abertura que no hacía mas que alargar aún mas sus piernas.
Tenía unos zapatos preciosos, de tacon de aguja y puntera afilada, con una coqueta hebilla que dibujaba unos pies perfectos como debían ser los de cenicienta.
Entonces, ante mi estupor, se dirigió a mi pidiendome un kleenex.
-Si, claro.... toma- dije automáticamente, tendiendole todo el paquete. (Cada vez que me piden un kleenex, siempre doy todo el paquete, no se por qué).
-No, no, solo quiero uno, muchas gracias.- dijo sacando rápidamente del paquete un pañuelo y recortandolo con gran habilidad.
Ante mi sorpresa, se quitó un zapato y la media de cristal que le llegaba hasta medio muslo, y habilmente se hizo una funda de papel para uno de los dedos del pie mientras se explicaba:
-Estos zapatos me hacen mucho daño... además, tengo una ampolla y se me ha reventado, y ahora esta todo lleno de agüilla...
Todos esos detalles en realidad, me estaban sobrando, pero aún asi, mentí:
-Si, claro, es normal.... a mi tambien me pasa...
Volvió a colocarse la media, el zapato, y se puso en pie para entrar en el metro. Sus andares cadenciosos, su porte impecable. Encontró asiento y cruzó sus piernas al sentarse.
-Desde luego, - me dije mientras pensaba en el par de tiritas que tenía en el bolso - hay que ver que zapatos mas bonitos...
miércoles, marzo 07, 2007
La familia
De los tres hermanos, uno se fue al extranjero a buscar fortuna, otro se casó y se fué a vivir a una casa perdida en una gran ciudad y el tercero desapareció un día dicen que abducido por una secta.
Han pasado 20 años y no han vuelto a verse.
Me pregunto si aún se recuerdan.
Han pasado 20 años y no han vuelto a verse.
Me pregunto si aún se recuerdan.
martes, marzo 06, 2007
lunes, febrero 26, 2007
El traje de bodas
La Tía Digna se casó de negro, porque hacía poco que había muerto su padre y aún estaba de luto.
Por supuesto que fué la comidilla del pueblo, porque eso de casarse estando de luto, estaba muy mal visto. Y el luto entonces duraba como poco 5 años.
La gente no dejaba de murmurar, porque nada mas casarse con el Tío Floren, éste se marchó a hacer las Americas y ya no volvió mas por el pueblo. Dicen que llegó un telegrama anunciando su muerte apenas 9 meses después. Que justo fué cuando nació Paulino, el único hijo de la Tía Digna.
Creo que solo hay una foto de ella y es la que se hizo en el bautizo del niño, con el recien nacido en brazos, precisamente vestida con el traje negro de boda, para seguir el luto, ahora por su marido, ademas de por su padre.
Por desgracia, el niño murió poco después de muerte súbita, ese mal que hace que los bebés mueran mientras duermen.
Desconozco si los lutos antes se sumaban o se podian mantener de forma conjunta, como las condenas. Porque si sumamos ya serían 15 los años que la pobre Tía debía guardar riguroso luto. En cualquier caso, todo ese asunto no hizo mas que aumentar las habladurías y la Tía Digna apenas si salía de casa, por no encontrarse con la gente del pueblo.
Dicen que un día apareció un hombre que decia ser Florentino Izaguirre, el tío Floren, que habia regresado de las Americas a buscar a la Tía. Que todo aquel asunto del telegrama resultó ser un terrible malentendido, y que todas las cartas que le había enviado desaparecieron en algun punto entre Argentina y Navarra.
No se lo que ocurrió en realidad, lo que sé es que la Tía desapareció de la noche a la mañana llevandose consigo solo unos pocos vestidos entre los que no estaba desde luego aquel traje negro.
Recuerdo que alguna vez, de niñas, jugabamos a disfrazarnos con aquel vestido, siempre a escondidas de las tias que no querían ni ver el traje.
Ahora la casa está en venta. Las tías ya estan muy mayores y no pueden subir y bajar tanta escalera. Y arriba en el viejo armario de la alcoba alta está aún el vestido de boda de la Tía Digna.
Nadie lo quiere. Ni siquiera quieren abrir el armario para deshacerse de el.
Habían hablado de quemarlo, incluso con el viejo, viejisimo armario que lo custodia.
Ya tendría gracia que el vestido de boda de la Tia Digna terminase en eBay.
Por supuesto que fué la comidilla del pueblo, porque eso de casarse estando de luto, estaba muy mal visto. Y el luto entonces duraba como poco 5 años.
La gente no dejaba de murmurar, porque nada mas casarse con el Tío Floren, éste se marchó a hacer las Americas y ya no volvió mas por el pueblo. Dicen que llegó un telegrama anunciando su muerte apenas 9 meses después. Que justo fué cuando nació Paulino, el único hijo de la Tía Digna.
Creo que solo hay una foto de ella y es la que se hizo en el bautizo del niño, con el recien nacido en brazos, precisamente vestida con el traje negro de boda, para seguir el luto, ahora por su marido, ademas de por su padre.
Por desgracia, el niño murió poco después de muerte súbita, ese mal que hace que los bebés mueran mientras duermen.
Desconozco si los lutos antes se sumaban o se podian mantener de forma conjunta, como las condenas. Porque si sumamos ya serían 15 los años que la pobre Tía debía guardar riguroso luto. En cualquier caso, todo ese asunto no hizo mas que aumentar las habladurías y la Tía Digna apenas si salía de casa, por no encontrarse con la gente del pueblo.
Dicen que un día apareció un hombre que decia ser Florentino Izaguirre, el tío Floren, que habia regresado de las Americas a buscar a la Tía. Que todo aquel asunto del telegrama resultó ser un terrible malentendido, y que todas las cartas que le había enviado desaparecieron en algun punto entre Argentina y Navarra.
No se lo que ocurrió en realidad, lo que sé es que la Tía desapareció de la noche a la mañana llevandose consigo solo unos pocos vestidos entre los que no estaba desde luego aquel traje negro.
Recuerdo que alguna vez, de niñas, jugabamos a disfrazarnos con aquel vestido, siempre a escondidas de las tias que no querían ni ver el traje.
Ahora la casa está en venta. Las tías ya estan muy mayores y no pueden subir y bajar tanta escalera. Y arriba en el viejo armario de la alcoba alta está aún el vestido de boda de la Tía Digna.
Nadie lo quiere. Ni siquiera quieren abrir el armario para deshacerse de el.
Habían hablado de quemarlo, incluso con el viejo, viejisimo armario que lo custodia.
Ya tendría gracia que el vestido de boda de la Tia Digna terminase en eBay.
viernes, febrero 23, 2007
Y si el miedo
Y si el miedo aparece y te envuelve...
Recordé hace no mucho, cuando tuve que llevar de vuelta a su casa a una niña tras una de esas tardes de cine y hamburguesa, donde todo habia ido sobre ruedas y los recuerdos solo podían ser buenos, y entonces, ya de noche, nos pusimos a hablar de miedos.
Todo el mundo habló de sus miedos en nerviosas confesiones. Yo de la oscuridad, yo del demonio yo...
-¿Y tú Iratxe? ¿De qué tienes miedo?
-Yo del fuego.
Y había miedo en sus ojos.
Y me tendió la mano, agarrandome muy fuerte.
-¿Vivias cerca de los incendios en París?- le pregunté.
Ella asintió apretando la mano.
-Allí parece que hay fuego.- me dijo hablando bajo con su acento frances y sin soltarme la mano.
-¿Dónde?... no, no , no es fuego, es solo una farola... una farola que no funciona bien...
Era de noche y las farolas arrojaban una luz naranja pintando toda la calle de irrealidad. Y si, es cierto, una farola temblaba y podía parecer que había llamas reflejandose en una pared.
Noté su miedo a través de su mano. Vi los incendios en sus ojos y sobre todo, cómo debia sentirse una niña que, como ella, no podía andar si no es con ayuda de dos bastones y desde luego, no podía de ninguna manera echarse a correr.
La ví sola en una ventana esperando a su madre con el incendio ante ella, y sin poder alcanzar sus bastones.
-Veras, -dije agarrandola fuerte de la mano.- vamos a dar una patada a esa tonta farola.
Fuimos andando de la mano, desacompasadas hasta la farola y le di una patada esperando que la vibración fijara la bombilla. Ella no podia dar patadas a nada, pero le dió un manotazo. Despues de unos intentos, la luz dejó de temblar y se volvió naranja y fija. De momento.
-¿Lo ves? No hay fuego.
La niña sonrió aún agarrada a mi mano, y yo en cambio, sentí deseos de llorar.
He recordado todo eso, porque hoy el miedo me atenaza a mi.
Un miedo imposible de desvelar, de esos que te ahogan en tu propia irracionalidad.
Busco una mano que me lleve a alguna farola, a ahuyentar mi particular miedo.
Pero no hay ninguna mano.
Aún.
Recordé hace no mucho, cuando tuve que llevar de vuelta a su casa a una niña tras una de esas tardes de cine y hamburguesa, donde todo habia ido sobre ruedas y los recuerdos solo podían ser buenos, y entonces, ya de noche, nos pusimos a hablar de miedos.
Todo el mundo habló de sus miedos en nerviosas confesiones. Yo de la oscuridad, yo del demonio yo...
-¿Y tú Iratxe? ¿De qué tienes miedo?
-Yo del fuego.
Y había miedo en sus ojos.
Y me tendió la mano, agarrandome muy fuerte.
-¿Vivias cerca de los incendios en París?- le pregunté.
Ella asintió apretando la mano.
-Allí parece que hay fuego.- me dijo hablando bajo con su acento frances y sin soltarme la mano.
-¿Dónde?... no, no , no es fuego, es solo una farola... una farola que no funciona bien...
Era de noche y las farolas arrojaban una luz naranja pintando toda la calle de irrealidad. Y si, es cierto, una farola temblaba y podía parecer que había llamas reflejandose en una pared.
Noté su miedo a través de su mano. Vi los incendios en sus ojos y sobre todo, cómo debia sentirse una niña que, como ella, no podía andar si no es con ayuda de dos bastones y desde luego, no podía de ninguna manera echarse a correr.
La ví sola en una ventana esperando a su madre con el incendio ante ella, y sin poder alcanzar sus bastones.
-Veras, -dije agarrandola fuerte de la mano.- vamos a dar una patada a esa tonta farola.
Fuimos andando de la mano, desacompasadas hasta la farola y le di una patada esperando que la vibración fijara la bombilla. Ella no podia dar patadas a nada, pero le dió un manotazo. Despues de unos intentos, la luz dejó de temblar y se volvió naranja y fija. De momento.
-¿Lo ves? No hay fuego.
La niña sonrió aún agarrada a mi mano, y yo en cambio, sentí deseos de llorar.
He recordado todo eso, porque hoy el miedo me atenaza a mi.
Un miedo imposible de desvelar, de esos que te ahogan en tu propia irracionalidad.
Busco una mano que me lleve a alguna farola, a ahuyentar mi particular miedo.
Pero no hay ninguna mano.
Aún.
martes, febrero 13, 2007
El bocadillo de anchoas
Hay una historia que me gusta. Claro que no tiene por que gustarte a ti, por supuesto.
Esto eran dos niñas. Digamos de 10 y 12 años o por ahí. Merendaban tranquilamente sentadas en el bordillo de un portal pasando la tarde y conversando solo a ratos acerca de esto o aquello. Cuando de pronto se escuchó un atronador alarido al principio de la plaza.
-¡Estiiiiiiiiiiii!
La chavala mas pequeña se levantó como impulsada por un resorte.
-Oh, no. Mi hermano. Le he dejado el bocadillo de anchoas. Y él odia las anchoas. Y ahora viene a por mi...
Tras esta escueta y veloz explicación, Esti salió corriendo dando enormes zancadas tratando de poner tierra de por medio.
Y ante mis ojos, todo un espectaculo. Su hermano tenía fama de ser uno de los mejores corredores de la plaza, y era un par de años mayor que ella. (Y si nos ponemos a hacer confesiones, a mi me gustaba). Así que estaba claro que él la atraparía. Pero ella no se quedaba atras corriendo.
La plaza no es que fuera muy grande, pero cada vez que el estaba a punto de darle alcance, ella hacía un quiebro, le esquivaba y seguia corriendo en otra dirección.
Yo les seguía con la mirada, con el bocadillo en la mano.
Por fín, el alcanzó a su hermana y le propinó una serie de digamos... toñejas, hasta que consiguió hacerse con el resto del bocadillo.
Ella volvió hasta el portal frotandose la cabeza y con cara de fastidio.
-Corres mucho, Esti.
-Debería correr más.
-Si, yo creo que de mayor podrías ser corredora.
-Depende de los bocadillos de anchoas que haga mi madre....
La historia me gusta porque hace unos años descubrí en el periodico que la chica en cuestión era una joven promesa del atletismo, con varias carreras ganadas y un futuro prometedor.
-Vaya. Parece que si que puso muchos bocadillos de anchoas , por lo visto...- pensé.
Por cierto. Nunca llegué a nada con su hermano.
Esto eran dos niñas. Digamos de 10 y 12 años o por ahí. Merendaban tranquilamente sentadas en el bordillo de un portal pasando la tarde y conversando solo a ratos acerca de esto o aquello. Cuando de pronto se escuchó un atronador alarido al principio de la plaza.
-¡Estiiiiiiiiiiii!
La chavala mas pequeña se levantó como impulsada por un resorte.
-Oh, no. Mi hermano. Le he dejado el bocadillo de anchoas. Y él odia las anchoas. Y ahora viene a por mi...
Tras esta escueta y veloz explicación, Esti salió corriendo dando enormes zancadas tratando de poner tierra de por medio.
Y ante mis ojos, todo un espectaculo. Su hermano tenía fama de ser uno de los mejores corredores de la plaza, y era un par de años mayor que ella. (Y si nos ponemos a hacer confesiones, a mi me gustaba). Así que estaba claro que él la atraparía. Pero ella no se quedaba atras corriendo.
La plaza no es que fuera muy grande, pero cada vez que el estaba a punto de darle alcance, ella hacía un quiebro, le esquivaba y seguia corriendo en otra dirección.
Yo les seguía con la mirada, con el bocadillo en la mano.
Por fín, el alcanzó a su hermana y le propinó una serie de digamos... toñejas, hasta que consiguió hacerse con el resto del bocadillo.
Ella volvió hasta el portal frotandose la cabeza y con cara de fastidio.
-Corres mucho, Esti.
-Debería correr más.
-Si, yo creo que de mayor podrías ser corredora.
-Depende de los bocadillos de anchoas que haga mi madre....
La historia me gusta porque hace unos años descubrí en el periodico que la chica en cuestión era una joven promesa del atletismo, con varias carreras ganadas y un futuro prometedor.
-Vaya. Parece que si que puso muchos bocadillos de anchoas , por lo visto...- pensé.
Por cierto. Nunca llegué a nada con su hermano.
lunes, febrero 05, 2007
Las cosas del fondo
Hablabamos con un marinero, en la misma orilla de la playa.
Tendría cerca de 70 años, y la piel muy morena. Mucho. Y los ojos muy azules.
Mientras hablaba, lucía una sonrisa propia de la gente experta, con deseos de contar historias. Y a mi me gusta que me cuenten historias, así que no paraba de hacerle preguntas.
Contaba cosas como que podía oler las medusas. Que dejaban un olor en el ambiente imposible de confundir. Y no, no había medusas en ese momento cerca. Hablaba de lo fácilmente que morían, ya que no tenian huesos ni nada, y solo con lanzarlas al agua desde la borda, ya estaban muertas. Claro que seguían picando.
Mi cara de interés le animó a seguir hablando, y entonces dijo que una vez había matado a un delfín.
-¿Por qué?
El miró a esa línea difusa del horizonte, y vaciló al contestar.
-No se... supongo que es fácil matar a algo bonito..., no creas que es algo que me gustara hacer...
Yo también fijé la vista en el incierto horizonte esperando que aquella frase desapareciera de mi cabeza. Pero me dí cuenta que no desaparecería.
Aquel era un buen hombre, de eso no me cabía duda.
Lo que pasa, es que a los 70 años el corazón de un hombre encierra muchos secretos. Alguno siempre se escapa.
Tendría cerca de 70 años, y la piel muy morena. Mucho. Y los ojos muy azules.
Mientras hablaba, lucía una sonrisa propia de la gente experta, con deseos de contar historias. Y a mi me gusta que me cuenten historias, así que no paraba de hacerle preguntas.
Contaba cosas como que podía oler las medusas. Que dejaban un olor en el ambiente imposible de confundir. Y no, no había medusas en ese momento cerca. Hablaba de lo fácilmente que morían, ya que no tenian huesos ni nada, y solo con lanzarlas al agua desde la borda, ya estaban muertas. Claro que seguían picando.
Mi cara de interés le animó a seguir hablando, y entonces dijo que una vez había matado a un delfín.
-¿Por qué?
El miró a esa línea difusa del horizonte, y vaciló al contestar.
-No se... supongo que es fácil matar a algo bonito..., no creas que es algo que me gustara hacer...
Yo también fijé la vista en el incierto horizonte esperando que aquella frase desapareciera de mi cabeza. Pero me dí cuenta que no desaparecería.
Aquel era un buen hombre, de eso no me cabía duda.
Lo que pasa, es que a los 70 años el corazón de un hombre encierra muchos secretos. Alguno siempre se escapa.
La caja mágica.
Erase una vez una caja mágica. No era una caja muy grande, pero para eso era mágica, ¿no?
Cada vez que uno abre la caja, aparece todo aquello que quieras. ¿He dicho quieras?, no, no. No es así.
Aparece todo aquello que necesites.
Una vez la abrió un pobre y apareció dinero.
Otra vez la abrió alguien que tenía mucha hambre y apareció un bocadillo.
Un hombre muy rico oyó hablar de esa caja, y consiguió abrirla, pero no encontró nada.
Un día la abrí yo y apareciste tu.
Ya no he vuelto a abrirla nunca mas.
Cada vez que uno abre la caja, aparece todo aquello que quieras. ¿He dicho quieras?, no, no. No es así.
Aparece todo aquello que necesites.
Una vez la abrió un pobre y apareció dinero.
Otra vez la abrió alguien que tenía mucha hambre y apareció un bocadillo.
Un hombre muy rico oyó hablar de esa caja, y consiguió abrirla, pero no encontró nada.
Un día la abrí yo y apareciste tu.
Ya no he vuelto a abrirla nunca mas.
martes, enero 30, 2007
El color de la miel
Dicen que Otsaila es el mes del frío. Otsa-frío ila-mes. Febrero. Como frío hacía esa noche del recien estrenado Febrero, en la que nací.
Por lo visto, no era suficiente la manta que habían traído para abrigarme, así que mi abuela, no se lo pensó dos veces y me envolvió en su negra toquilla de viuda.
Alguien debió de decirle que envolver a un recien nacido en algo negro traería mala suerte, pero mi abuela, haciendo gala de su habitual desprecio hacia todo comentario ajeno, replicó que no conocía ninguna prenda de abrigo que trajera mala suerte.
Y así envuelta en aquella toquilla de lana negra salí de la maternidad. Por lo que dicen, a pesar de los esfuerzos de mi abuela, al llegar a casa yo tenia las piernas amoratadas de frío y costó mucho hacerme entrar en calor al lado del brasero.
Pero parece ser que finalmente entré en calor dispuesta a pasar mi primera noche en aquella vieja casa, y dentro de la vieja cocina, con su vieja pila de fregar, la vieja chapa de carbón, los viejos armarios de formica verde clarito que hacían tac al abrirse y tac al cerrarse, con el viejo olor a techo viejo, a paredes viejas y a viejo suelo, separada de mi madre que siguió ingresada en el hospital aún varios dias más.
Mi abuela no quiso dejarme allí. Decía que las monjas eran todas unas brujas que no se quedaban a gusto hasta ver agonizar a todo paciente que cayera en sus manos, seguramente para purgar así los pecados que sin duda, eran los causantes de su enfermedad.
No se, pero a juzgar por fotos de la época sacadas en aquella Maternidad, puede que no estuviera tan descaminada al pensar así.
Otro de los problemas de aquella noche, era mi pertinaz silencio, nada normal para una criatura con solo unas horas de vida.
Un recién nacido debería tener hambre, tenía que llorar. pensaba mi abuela. así que intentó amamantarme con un biberón de leche de vaca ordeñada el dia anterior (o puede que antes), la rebajó con agua, la endulzó con azucar... sin ningun resultado, ya que yo seguía empeñada en mantenerme callada y sin ganas de comer.
Fue un biberón de leche condensada el que me devolvió a la vida, y el que hizo que arrancara a llorar. Leche condensada. ¡Con lo prohibido que está eso hoy!...
Sea como fuere, mi abuela interpretó aquel llanto como buena señal así que me dejó en la pequeña cuna, aun envuelta en la toquilla negra, llorando desconsoladamente.
Entonces me miró y dijo en voz alta:
-Niña, ahi envuelta en ese trapo negro y llorando parece que nunca vas a ser felíz.
Se que es imposible que yo oyera aquellas palabras, menos aún que las recuerde.
Dicen que si se lo que pasó es porque despues me contarían toda la historia. Pero entonces, si es así, ¿cómo es que recuerdo como mi abuela no dejaba de mirar por la ventana? había hielo dentro de los cristales, y ella raspaba con las uñas la escarcha tratando de vencer el terrible frío de afuera. Y recuerdo el resplandor anaranjado del brasero que se reflejaba en el techo y en los ojos de mi abuela que brillaban con el color de la miel.
Por lo visto, no era suficiente la manta que habían traído para abrigarme, así que mi abuela, no se lo pensó dos veces y me envolvió en su negra toquilla de viuda.
Alguien debió de decirle que envolver a un recien nacido en algo negro traería mala suerte, pero mi abuela, haciendo gala de su habitual desprecio hacia todo comentario ajeno, replicó que no conocía ninguna prenda de abrigo que trajera mala suerte.
Y así envuelta en aquella toquilla de lana negra salí de la maternidad. Por lo que dicen, a pesar de los esfuerzos de mi abuela, al llegar a casa yo tenia las piernas amoratadas de frío y costó mucho hacerme entrar en calor al lado del brasero.
Pero parece ser que finalmente entré en calor dispuesta a pasar mi primera noche en aquella vieja casa, y dentro de la vieja cocina, con su vieja pila de fregar, la vieja chapa de carbón, los viejos armarios de formica verde clarito que hacían tac al abrirse y tac al cerrarse, con el viejo olor a techo viejo, a paredes viejas y a viejo suelo, separada de mi madre que siguió ingresada en el hospital aún varios dias más.
Mi abuela no quiso dejarme allí. Decía que las monjas eran todas unas brujas que no se quedaban a gusto hasta ver agonizar a todo paciente que cayera en sus manos, seguramente para purgar así los pecados que sin duda, eran los causantes de su enfermedad.
No se, pero a juzgar por fotos de la época sacadas en aquella Maternidad, puede que no estuviera tan descaminada al pensar así.
Otro de los problemas de aquella noche, era mi pertinaz silencio, nada normal para una criatura con solo unas horas de vida.
Un recién nacido debería tener hambre, tenía que llorar. pensaba mi abuela. así que intentó amamantarme con un biberón de leche de vaca ordeñada el dia anterior (o puede que antes), la rebajó con agua, la endulzó con azucar... sin ningun resultado, ya que yo seguía empeñada en mantenerme callada y sin ganas de comer.
Fue un biberón de leche condensada el que me devolvió a la vida, y el que hizo que arrancara a llorar. Leche condensada. ¡Con lo prohibido que está eso hoy!...
Sea como fuere, mi abuela interpretó aquel llanto como buena señal así que me dejó en la pequeña cuna, aun envuelta en la toquilla negra, llorando desconsoladamente.
Entonces me miró y dijo en voz alta:
-Niña, ahi envuelta en ese trapo negro y llorando parece que nunca vas a ser felíz.
Se que es imposible que yo oyera aquellas palabras, menos aún que las recuerde.
Dicen que si se lo que pasó es porque despues me contarían toda la historia. Pero entonces, si es así, ¿cómo es que recuerdo como mi abuela no dejaba de mirar por la ventana? había hielo dentro de los cristales, y ella raspaba con las uñas la escarcha tratando de vencer el terrible frío de afuera. Y recuerdo el resplandor anaranjado del brasero que se reflejaba en el techo y en los ojos de mi abuela que brillaban con el color de la miel.
viernes, enero 19, 2007
Siesta
-Lámpara.
-Si. Lámpara. Ya la veo. Y techo.
-Techo no, lámpara. ¿para que quieres mirar el techo? mira la lámpara. Brilla.
-Pues miro el techo igual que miro la lámpara, ¿que mas da? yo lo que quiero es dormir.
-Si, pero no puedes. Tienes que quedarte despierta. Si te duermes no te despertarás a tiempo. Y llegarás tarde. Así que mira la lámpara.
-Vaaaaale. Ya la miro. Si. Recuerdo cuando la compré que pensaba que era un recogepolvo. Paelleras. Pensé en paelleras. Enooormes paelleras llenas de polvo. Por cierto, hace tiempo que no la limpio. Se puede ver la montaña de polvo desde aquí. ¿ves? ¿ya estás contenta? Ahora tengo que ponerme a limpiarla. ¿Cuánto tiempo ha pasado?
-Aún poco. tiene que pasar mas tiempo.
-Pero ¿por qué no me dejas dormir?
-Lo sabes. Si te duermes no despertarás a tiempo. Sigue mirando la lámpara. NO, NO CIERRES LOS OJOS, ESPABILA. MIRA LA LAMPARA. MIRA LA ...
...
-¿te has dormido?
-Maldita sea. No lo se.
-Si. Lámpara. Ya la veo. Y techo.
-Techo no, lámpara. ¿para que quieres mirar el techo? mira la lámpara. Brilla.
-Pues miro el techo igual que miro la lámpara, ¿que mas da? yo lo que quiero es dormir.
-Si, pero no puedes. Tienes que quedarte despierta. Si te duermes no te despertarás a tiempo. Y llegarás tarde. Así que mira la lámpara.
-Vaaaaale. Ya la miro. Si. Recuerdo cuando la compré que pensaba que era un recogepolvo. Paelleras. Pensé en paelleras. Enooormes paelleras llenas de polvo. Por cierto, hace tiempo que no la limpio. Se puede ver la montaña de polvo desde aquí. ¿ves? ¿ya estás contenta? Ahora tengo que ponerme a limpiarla. ¿Cuánto tiempo ha pasado?
-Aún poco. tiene que pasar mas tiempo.
-Pero ¿por qué no me dejas dormir?
-Lo sabes. Si te duermes no despertarás a tiempo. Sigue mirando la lámpara. NO, NO CIERRES LOS OJOS, ESPABILA. MIRA LA LAMPARA. MIRA LA ...
...
-¿te has dormido?
-Maldita sea. No lo se.
jueves, enero 11, 2007
Down the drain
Nemo asegura que todas las tuberías van a dar al mar. Bueno, todas menos la mia, que acaba en una enorme bola de restos de comida y detergente, (espero yo), y que se resiste a desaparecer por mucho que me empeñe.
Si señor, un atasco. Un tremendo atasco que no está de acuerdo con que el agua de mi grifo fluya, y se empeña en devolverlo fregadero arriba, hasta inundar el suelo.
Y claro, siempre hay gente que te da consejos.
Como uno no tiene nada que perder, prueba.
Y Probamos con el agua hirviendo con bicarbonato, la cocacola, sal gorda, desatascador de goma (ese espantoso aparato provocador de vomitonas de cañerías)...
Nada.
La noche tampoco fue misericordiosa, y pasó el primer dia. Asi, preparados para lo peor, lo intentamos con una sonda imposible de domar, que finalmente accedió a entrar por la cañería. 3 metros de sonda. Nada.
Entonces ya, decidimos probar con el ácido sulfurico, que tengo entendido que va muy bien para el medio ambiente. Primero medio bote. Nada. Luego el otro medio.
Ahora, la bola parece haberse crecido ante la adversidad y no deja siquiera que abramos el grifo para probar suerte.
Aún hoy me acerco a asomarme por el desagüe esperando el milagro.
No parece que vaya a ocurrir, de momento.
Algunos amigos me consuelan con una palmadita en la espalda diciendo, No te preocupes, en un par de meses, se te presenta un fontanero y esto ya verás, irá de maravilla.
Confío que tengan razón.
Si señor, un atasco. Un tremendo atasco que no está de acuerdo con que el agua de mi grifo fluya, y se empeña en devolverlo fregadero arriba, hasta inundar el suelo.
Y claro, siempre hay gente que te da consejos.
Como uno no tiene nada que perder, prueba.
Y Probamos con el agua hirviendo con bicarbonato, la cocacola, sal gorda, desatascador de goma (ese espantoso aparato provocador de vomitonas de cañerías)...
Nada.
La noche tampoco fue misericordiosa, y pasó el primer dia. Asi, preparados para lo peor, lo intentamos con una sonda imposible de domar, que finalmente accedió a entrar por la cañería. 3 metros de sonda. Nada.
Entonces ya, decidimos probar con el ácido sulfurico, que tengo entendido que va muy bien para el medio ambiente. Primero medio bote. Nada. Luego el otro medio.
Ahora, la bola parece haberse crecido ante la adversidad y no deja siquiera que abramos el grifo para probar suerte.
Aún hoy me acerco a asomarme por el desagüe esperando el milagro.
No parece que vaya a ocurrir, de momento.
Algunos amigos me consuelan con una palmadita en la espalda diciendo, No te preocupes, en un par de meses, se te presenta un fontanero y esto ya verás, irá de maravilla.
Confío que tengan razón.
miércoles, enero 03, 2007
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