Pues sí, ya es Navidad, y confieso ante todos que esta misma nochebuena me he enterado de quien es Santa Claus. O Papá Noel, o San Nicolás, (que será por nombres).
Y he sabido que en su origen era un personaje alto y delgado y vestido de un color verde chillón que mas bien asustaba a los niños y ademas, iba en burro, hasta que un publicista decidió rediseñarlo y pintarlo de rojo-coca-cola y ponerle una de esas botellas en la mano.
La noticia me ha decepcionado aunque no pueda decirse que haya sido yo muy devota de tal personaje. Nunca nadie me dió un regalo en su nombre. Pero ahora me gusta aún menos. Aunque bien pensado, es el icono perfecto para una navidad hiperconsumista, que al final, es un poco lo que es.
Recuerdo que hace años, cuando oí la historia del Olentzero, un carbonero que bajaba del monte a repartir carbon entre la gente en nochebuena y juguetes a los niños, para despues hacer una buena comilona en la que no faltaban nada menos que cinco arrobas de vino, me pareció algo traído por los pelos, pero después de conocer el historial del viejo anciano de verde, desde luego que me gusta y me lo creo más.
Pensar en un Olentzero vestido de rojo y bebiendo coca-cola ahi en la plaza mientras reparte los juguetes me parece escalofriante. Nunca mejor dicho dado el frío que hace en estas fechas. Seguramente el mismisimo Santa loquesea tambien cambiaría su coca-cola por unos tragos de algo que caliente mas.
Pero a pesar de todo, la historia que mas me ha conmovido esta navidad, es la costumbre de los niños pequeños, esos que no levantan 3 palmos del suelo, que en la noche de nochebuena se acercan al Olentzero y con mas miedo que vergüenza, le entregan su chupete a cambio de un regalo. Después del cambio, corren hasta sus madres con el regalo y la sensación de haber cumplido el trato.
Si. Me gusta más esa idea.
martes, diciembre 26, 2006
lunes, diciembre 25, 2006
La navidad y el ajo
Conocí a Nati hace unos dos años, y debo decir, que me abrió las puertas de su casa de par en par. Siempre tenía una sonrisa para mí. Y para todos, la verdad. No hablaba mucho, pero me gustaba oirla cuando lo hacía, porque parecía encontrar siempre el lado bueno a todo, y sabía sacar provecho de cualquier cosa que se encontrase por la calle. Nunca le oí quejarse en voz alta de sus problemas.
Tenía la rara virtud de desaparecer entre la gente. Delante mío ocurrió dos o tres veces. Estabas con ella, hablando, daba igual donde, en un bar, en la calle, en su casa... y en cuanto te despistabas un momento, desaparecía.
Siempre pasaba tiempo hasta que alguien la echaba de menos.
Dicen que tuvo problemas con su matrimonio. Dicen que su marido se fue de casa durante tres dias y ella se quedó sola con la niña. Dicen que dejó su trabajo y todas sus amistades tratando de evitar cualquier nuevo problema. Dijeron muchas cosas, pero la gente, siempre habla mucho.
La cosa es que hacía meses que no se sabía nada de ella. No salía a la calle, o al menos, nadie la había visto.
La encontré el otro día, vísperas de navidad, entre un tremendo barullo de gente.
-Nati- llamé en cuanto la ví entre la gente.- ¡Cuánto tiempo! pero... ¿Qué tal estás?
Tenía la misma sonrisa de siempre y ella hablaba como si nada hubiese pasado.
Le pregunté que tal le iba todo y respondió con un bien, ya sabes, como siempre. He salido a darle los regalos a la niña por navidad, pero mira, ahora tengo que volver a casa en seguida. ¿Ves? solo tengo en los bolsillos las llaves y un ajo.
-¿un ajo?- pregunté mientras me enseñaba un enorme y sano diente de ajo agarrado en su mano derecha.
-Si, es contra el mal de ojo. Hace poco tuve un accidente, pero no me ocurrió nada.
Así que he decidido llevarlo siempre.
-¿Contra el mal de ojo? ¿Y funciona?
-Yo, por si acaso, lo llevo...
Alguien me llamó entre la gente y me despisté por unos segundos. Cuando quise buscarla, Nati había desaparecido.
Y yo ni siquiera le había deseado felíz Navidad.
Tenía la rara virtud de desaparecer entre la gente. Delante mío ocurrió dos o tres veces. Estabas con ella, hablando, daba igual donde, en un bar, en la calle, en su casa... y en cuanto te despistabas un momento, desaparecía.
Siempre pasaba tiempo hasta que alguien la echaba de menos.
Dicen que tuvo problemas con su matrimonio. Dicen que su marido se fue de casa durante tres dias y ella se quedó sola con la niña. Dicen que dejó su trabajo y todas sus amistades tratando de evitar cualquier nuevo problema. Dijeron muchas cosas, pero la gente, siempre habla mucho.
La cosa es que hacía meses que no se sabía nada de ella. No salía a la calle, o al menos, nadie la había visto.
La encontré el otro día, vísperas de navidad, entre un tremendo barullo de gente.
-Nati- llamé en cuanto la ví entre la gente.- ¡Cuánto tiempo! pero... ¿Qué tal estás?
Tenía la misma sonrisa de siempre y ella hablaba como si nada hubiese pasado.
Le pregunté que tal le iba todo y respondió con un bien, ya sabes, como siempre. He salido a darle los regalos a la niña por navidad, pero mira, ahora tengo que volver a casa en seguida. ¿Ves? solo tengo en los bolsillos las llaves y un ajo.
-¿un ajo?- pregunté mientras me enseñaba un enorme y sano diente de ajo agarrado en su mano derecha.
-Si, es contra el mal de ojo. Hace poco tuve un accidente, pero no me ocurrió nada.
Así que he decidido llevarlo siempre.
-¿Contra el mal de ojo? ¿Y funciona?
-Yo, por si acaso, lo llevo...
Alguien me llamó entre la gente y me despisté por unos segundos. Cuando quise buscarla, Nati había desaparecido.
Y yo ni siquiera le había deseado felíz Navidad.
Ilargia
Anoche, un niño me cogió de la mano y me cantó esta canción.
Me gustaba como brillaban sus ojos.
esaiozu euriari berriz ez jauzteko,
esan bakardadeari gaur ez etortzeko.
eusten nauen soka zara eta itotzen nauena,
ametsak sortu zizkidana, galtzen dituena.
zuretzat ilargia lapurtuko nuke gauero,
eta zu itsu zaude bere argia ikusteko,
irribarrez, gero minez, eragin didazu negarra,
nire sua itzali da,
ez zara gaueko izar bakarra, ez zara!!
esan sentitzen dudana ez dela egia,
une baten sinesteko ez garen guztia.
Me gustaba como brillaban sus ojos.
| 07 _ KEN ZAZPI _ i... |
esaiozu euriari berriz ez jauzteko,
esan bakardadeari gaur ez etortzeko.
eusten nauen soka zara eta itotzen nauena,
ametsak sortu zizkidana, galtzen dituena.
zuretzat ilargia lapurtuko nuke gauero,
eta zu itsu zaude bere argia ikusteko,
irribarrez, gero minez, eragin didazu negarra,
nire sua itzali da,
ez zara gaueko izar bakarra, ez zara!!
esan sentitzen dudana ez dela egia,
une baten sinesteko ez garen guztia.
miércoles, diciembre 20, 2006
La despedida
Confieso que siempre me ha gustado venir a tu casa. Me gusta entrar y sentarme en el salón y ver las paredes pintadas de rosa fuerte. Da igual cuantas veces hayan redecorado la sala, para mí siempre tendrán ese color.
Sigue oliendo muy fuerte, y nada mas entrar, el olor a pasado y suciedad te golpea como una bofetada. Se tarda bastante en acostumbrarse al olor, incluso a veces, ese olor te acompaña cuando sales de casa. Otras veces no te acostumbras.
No importa.
Recuerdo ...(ahora tengo que esforzarme bastante, pero aún lo recuerdo), las partidas al dominó que echabamos en la cocina los domingos a la tarde. ¿Recuerdas como pudimos reirnos aquel dia solo por el cinco doble?. ¿Y cuando haciamos castañas asadas en la sartén?. ¿Y las fiestas con la musica por toda la casa, todos saltando y gritando como si fuera el último dia en la tierra?.
No me dejaste crecer, y no encontré palabras para evitar que te fueras.
A veces, como ahora, aun imagino que voy a tu casa a tomar un café. Como si tuviera una vida paralela en la que nada hubiese cambiado.
Supongo que es mejor no pensar en nada de eso.
¡Está bien!. De acuerdo.
No volveré mas a tu casa. No volveré a pensarlo más. Yo te prometo eso. Pero tú...
Tú.
Me pregunto cuando desaparecerás.
Sigue oliendo muy fuerte, y nada mas entrar, el olor a pasado y suciedad te golpea como una bofetada. Se tarda bastante en acostumbrarse al olor, incluso a veces, ese olor te acompaña cuando sales de casa. Otras veces no te acostumbras.
No importa.
Recuerdo ...(ahora tengo que esforzarme bastante, pero aún lo recuerdo), las partidas al dominó que echabamos en la cocina los domingos a la tarde. ¿Recuerdas como pudimos reirnos aquel dia solo por el cinco doble?. ¿Y cuando haciamos castañas asadas en la sartén?. ¿Y las fiestas con la musica por toda la casa, todos saltando y gritando como si fuera el último dia en la tierra?.
No me dejaste crecer, y no encontré palabras para evitar que te fueras.
A veces, como ahora, aun imagino que voy a tu casa a tomar un café. Como si tuviera una vida paralela en la que nada hubiese cambiado.
Supongo que es mejor no pensar en nada de eso.
¡Está bien!. De acuerdo.
No volveré mas a tu casa. No volveré a pensarlo más. Yo te prometo eso. Pero tú...
Tú.
Me pregunto cuando desaparecerás.
miércoles, diciembre 13, 2006
La tormenta
Mira, no puedo decirte como había llegado hasta allí. Solo se que el cielo estaba tan nublado y negro que parecía que iba a caerse de un momento a otro. Una falsa calma premonizaba la tormenta. Y allí estaba yo, en la misma orilla del río, viendolo crecer por momentos y presagiando la catastrofe.
Vuelve. Pensé mirando a todas partes. Vuelve, vuelve.
Entonces me di cuenta que me estabas dando la mano.
-Déjalo. - susurraste.
No quise dejar de buscarlo con la mirada, pero entonces noté que tirabas de mi.
Había que irse, no había mas tiempo. El viento se levantó por fín anunciando que no iba a ser ninguna broma, y todo pareció desencadenarse a nuestro alrededor. En cuanto cayeron las primeras gotas, el rio empezó a desbordarse, crecido ya como estaba. Y yo tenía que abandonar todo lo que había sido hasta entonces o quedarme allí para siempre.
Entonces te miré.
Y para que quiero ir a la otra orilla, si todo lo tengo en esta.
Vuelve. Pensé mirando a todas partes. Vuelve, vuelve.
Entonces me di cuenta que me estabas dando la mano.
-Déjalo. - susurraste.
No quise dejar de buscarlo con la mirada, pero entonces noté que tirabas de mi.
Había que irse, no había mas tiempo. El viento se levantó por fín anunciando que no iba a ser ninguna broma, y todo pareció desencadenarse a nuestro alrededor. En cuanto cayeron las primeras gotas, el rio empezó a desbordarse, crecido ya como estaba. Y yo tenía que abandonar todo lo que había sido hasta entonces o quedarme allí para siempre.
Entonces te miré.
Y para que quiero ir a la otra orilla, si todo lo tengo en esta.
lunes, diciembre 11, 2006
Luces de Navidad

Frío. Afuera hacía mucho frío y yo no podia dejar de mirar por la ventana, siguiendo las gotas en el cristal que se empeñaban en nublar las luces de la calle.
Marcos Sacramento llenaba toda la estancia con un sugerente ritmo, y de pronto me sentí tremendamente nostálgica.
-Hace frio.- dije en voz baja.
-Bueno, pues entonces tendremos que darnos calor. - dijo Jorge pasando su brazo por mis hombros.
El resto de amigos charlaban animadamente en la barra.
-Si, hasta la primavera, ¿no?- dije dibujando media sonrisa.
-No, no. En primavera también. El calor lo tenemos aqui adentro, da igual lo que pase afuera. - Juntó su cabeza contra la mia, y sin darme cuenta, cerré los ojos.
-¿Lo ves? - dijo bajito. - Calor.
martes, diciembre 05, 2006
La felicidad y el arroz
Cuando se conocieron, solo seguían juntos por el sexo, pero en algún momento, él se enamoró.
Recuerdo que una vez nos contó, que estando en casa mientras ella cocinaba un arroz, el se acercó por detrás y abrazandola, le preguntó si era feliz.
-Pero no si eres feliz siempre, no, no. Ahora. En este mismo momento, con todo lo que tienes. ¿Eres feliz?
Ella cogió con los dedos un poco de arroz y se lo comió.
-Y me dijo que si. Que era feliz. En ese momento, era todo lo feliz que se podía ser.
De esto hace mas de diez años, y no hace mucho que nos lo encontramos de nuevo. Ella se había enfadado por alguna tontería y se había ido a casa.
El nos explicaba como la vida ahora era muy distinta, y pasaban el dia discutiendo a muerte por nimiedades. Sonreían sus labios pero sus ojos no.
Supongo que la felicidad puede alimentarse de arroz, pero el amor necesita algo de tomate. O alguna salsa. O especia. O algo.
Recuerdo que una vez nos contó, que estando en casa mientras ella cocinaba un arroz, el se acercó por detrás y abrazandola, le preguntó si era feliz.
-Pero no si eres feliz siempre, no, no. Ahora. En este mismo momento, con todo lo que tienes. ¿Eres feliz?
Ella cogió con los dedos un poco de arroz y se lo comió.
-Y me dijo que si. Que era feliz. En ese momento, era todo lo feliz que se podía ser.
De esto hace mas de diez años, y no hace mucho que nos lo encontramos de nuevo. Ella se había enfadado por alguna tontería y se había ido a casa.
El nos explicaba como la vida ahora era muy distinta, y pasaban el dia discutiendo a muerte por nimiedades. Sonreían sus labios pero sus ojos no.
Supongo que la felicidad puede alimentarse de arroz, pero el amor necesita algo de tomate. O alguna salsa. O especia. O algo.
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