Silencio.
Nada, no hay nada, solo silencio. Ni siquiera viento o el ladrido de algún perro lejano. Paciente espero algo que me de alguna señal. cualquier ruido, cualquier movimiento.
Pero no hay nada.
Solo silencio.
Me pregunto si habrá alguien ahí fuera, e imagino inquietantes historias.
Un vago recuerdo me hace sonreir, y pienso en tí.
Suspiro y la imagen ha desaparecido.
No importa.
Me sumerjo de nuevo en mi mundo de silencio. Y espero.
martes, noviembre 28, 2006
domingo, noviembre 26, 2006
miércoles, noviembre 22, 2006
El euro
-Bueno, reina, entonces cóbrame.- dijo Jorge a la camarera.
Ella se llevó el billete dejando unas monedas en la barra como cambio.
-Falta un euro.- susurró Jaime.
-¿Eh?
-Te está cobrando mal. Esta ronda no es de 9,50 sino de 8,50.
Jorge llamó a la camarera, que se acercó con una sonrisa
- Oye, ¿Cuanto valen los vinos?
-Huy, si, perdona, aqui tienes.- dijo alcanzandole un euro que ya traía en la mano.
Jorge tomó el euro algo perplejo y salimos todos del bar.
-Tenías razón. Me estaba robando un euro...
-No te preocupes, Jorge, si te ha pasado lo mejor que te podía pasar. ¿Tu sabes lo que es conocer a una persona por un euro? Es muy barato. ¿Te imaginas? ¿poder conocer a la gente que te rodea por sólo un euro?...
Ella se llevó el billete dejando unas monedas en la barra como cambio.
-Falta un euro.- susurró Jaime.
-¿Eh?
-Te está cobrando mal. Esta ronda no es de 9,50 sino de 8,50.
Jorge llamó a la camarera, que se acercó con una sonrisa
- Oye, ¿Cuanto valen los vinos?
-Huy, si, perdona, aqui tienes.- dijo alcanzandole un euro que ya traía en la mano.
Jorge tomó el euro algo perplejo y salimos todos del bar.
-Tenías razón. Me estaba robando un euro...
-No te preocupes, Jorge, si te ha pasado lo mejor que te podía pasar. ¿Tu sabes lo que es conocer a una persona por un euro? Es muy barato. ¿Te imaginas? ¿poder conocer a la gente que te rodea por sólo un euro?...
lunes, noviembre 20, 2006
domingo, noviembre 19, 2006
Tal día como hoy, hace 8 años...
Entonces estabas agarrada a tu estrella, junto con otro montón de niños. Lo pasabais muy bien porque os gustaba mucho saltar de una a otra e ir hasta la luna a columpiaros. Pero hace ocho años, una noche, hubo una terrible tormenta, y vuestras estrellas que estaban mal colgadas del cielo, se cayeron.
Todos los niños cerraron los ojos muy fuerte, porque tenían miedo, pero tú los tenías abiertos, y por eso es que tus ojos tienen el color de la noche, mientras que los demás niños, tenían los ojos azules.
Esa noche hacía tanto frío que hubo que meteros en cajitas de cristal.
Cuando te llevamos a casa, se nos olvidó el pedazo de estrella en la cajita de cristal, y desde entonces, tenemos que poner una luz azul en tu cuarto por las noches.
Y eso fué exactamente lo que pasó.
Felicidades.
Todos los niños cerraron los ojos muy fuerte, porque tenían miedo, pero tú los tenías abiertos, y por eso es que tus ojos tienen el color de la noche, mientras que los demás niños, tenían los ojos azules.
Esa noche hacía tanto frío que hubo que meteros en cajitas de cristal.
Cuando te llevamos a casa, se nos olvidó el pedazo de estrella en la cajita de cristal, y desde entonces, tenemos que poner una luz azul en tu cuarto por las noches.
Y eso fué exactamente lo que pasó.
Felicidades.
El roce de tu cuerpo
Ha cambiado una guitarra por un saxo, y ahora tiene un aire más a lo Dire Straits.
Ayer pasamos la noche conversando y hablabamos de él como de un viejo amigo, en un bar. Tiene gracia, porque el que ponia la musica, fue cambiando de disco, y desde por la boca vive el pez , pasó a lo mas lejos a tu lado, y entonces encontramos la guitarra que habia perdido. Y sonreimos y seguimos hablando. Y comentamos lo que es la vida, que al final, siempre se elige a la mas guapa y a la menos buena, y empezamos a perdernos en las nubes de tu pelo. Entonces entró a puerta cerrada y recordabamos como se te ponian rojitas las orejas cada vez que te besaba, y como no siempre lo urgente, es lo importante.
Pero con el roce de tu cuerpo, todos nos desmelenamos y volvimos atras en el tiempo.
Y creo que muero si no siento el roce de tu cuerpo junto a mi
Recuerdo tus labios y esos ojos que al mirar casi hacen daño....
Ahora te lamentas porque dices apostar al cinco y cada dos por tres, sale seis. Pero en realidad, creo que te sale cinco. Y te lo mereces, Fito.
Pero por favor, no pierdas tambien ésta guitarra.
Ayer pasamos la noche conversando y hablabamos de él como de un viejo amigo, en un bar. Tiene gracia, porque el que ponia la musica, fue cambiando de disco, y desde por la boca vive el pez , pasó a lo mas lejos a tu lado, y entonces encontramos la guitarra que habia perdido. Y sonreimos y seguimos hablando. Y comentamos lo que es la vida, que al final, siempre se elige a la mas guapa y a la menos buena, y empezamos a perdernos en las nubes de tu pelo. Entonces entró a puerta cerrada y recordabamos como se te ponian rojitas las orejas cada vez que te besaba, y como no siempre lo urgente, es lo importante.
Pero con el roce de tu cuerpo, todos nos desmelenamos y volvimos atras en el tiempo.
Y creo que muero si no siento el roce de tu cuerpo junto a mi
Recuerdo tus labios y esos ojos que al mirar casi hacen daño....
Ahora te lamentas porque dices apostar al cinco y cada dos por tres, sale seis. Pero en realidad, creo que te sale cinco. Y te lo mereces, Fito.
Pero por favor, no pierdas tambien ésta guitarra.
| Platero y tu - El ... |
lunes, noviembre 13, 2006
Otoño
Ternura
En la calle hay 20 grados y luce el sol. Sin embargo, la tele lleva ya tiempo anunciando la avalancha de cosas que estan a tu disposicion para regalar estas fiestas, y el corte Ingles ya ha empezado a adornarse. También debe haber algún lío con las luces navideñas en Madrid, por lo que dice el telediario.
Y sin embargo, en el norte, esta especie de verano otoñal sin fin que nos acompaña, no acaba de dejar cuajar el espíritu navideño.
Pero ayer me dí cuenta que sí, que ya se acerca la navidad.
El Olentzero ha comenzado a dejarse la barba.
No se quienes o cuando se fijaron en él para representar al Olentzero en el pueblo. Pero la tradición lleva ya unos cuantos años. Le eligieron porque realmente era la imagen del Olentzero, ese aldeano carbonero que cada año baja del monte a repartir regalos a los niños y carbón a las casas, para calentarse en invierno.
Y cada 24 de diciembre, vestido de aldeano, se pasea con un carro de juguetes por todo el pueblo, con una pipa entre los dientes y siempre en silencio. Mientras todos los niños le persiguen y le cantan, montando un gran alboroto, a la espera que den las 5 y media de la tarde, cuando reparte los juguetes llamando personalmente a cada niño.
La emoción no puede ser mas grande, aunque sólo sea un juguete el que se entrega por niño. Hay una gran aglomeración de niños nerviosos y mucha expectación en esa fría tarde de diciembre, normalmente caldeada con castañas asadas que se reparten entre la gente, y con todo el buen ambiente que reina ese día.
Durante todo el año es frecuente tropezarte con él en el pueblo, y es siempre muy agradable pasar un tiempo hablando con él de los mas variopintos temas.
En noviembre comienza a dejarse la barba, y pasadas las fechas, se la afeita. Así, los niños no pueden reconocerle aunque se lo encuentran constantemente aquí y allá.
Bueno, pues ayer le vi. Y este año, tiene ya una barba bastante cana.
Estaba sentado en silencio en una mesa del txoko, y me sonrió con sus ojos al verme pasar.
¿Ya estamos en noviembre?- Pensé.
Y yo también le sonreí, agachando un poco la cabeza, como en una reverencia.
Mi hija, que iba de mi mano, no le reconoció. Yo no dije nada.
Y al salir, me sentí contenta.
Y sin embargo, en el norte, esta especie de verano otoñal sin fin que nos acompaña, no acaba de dejar cuajar el espíritu navideño.
Pero ayer me dí cuenta que sí, que ya se acerca la navidad.
El Olentzero ha comenzado a dejarse la barba.
No se quienes o cuando se fijaron en él para representar al Olentzero en el pueblo. Pero la tradición lleva ya unos cuantos años. Le eligieron porque realmente era la imagen del Olentzero, ese aldeano carbonero que cada año baja del monte a repartir regalos a los niños y carbón a las casas, para calentarse en invierno.
Y cada 24 de diciembre, vestido de aldeano, se pasea con un carro de juguetes por todo el pueblo, con una pipa entre los dientes y siempre en silencio. Mientras todos los niños le persiguen y le cantan, montando un gran alboroto, a la espera que den las 5 y media de la tarde, cuando reparte los juguetes llamando personalmente a cada niño.
La emoción no puede ser mas grande, aunque sólo sea un juguete el que se entrega por niño. Hay una gran aglomeración de niños nerviosos y mucha expectación en esa fría tarde de diciembre, normalmente caldeada con castañas asadas que se reparten entre la gente, y con todo el buen ambiente que reina ese día.
Durante todo el año es frecuente tropezarte con él en el pueblo, y es siempre muy agradable pasar un tiempo hablando con él de los mas variopintos temas.
En noviembre comienza a dejarse la barba, y pasadas las fechas, se la afeita. Así, los niños no pueden reconocerle aunque se lo encuentran constantemente aquí y allá.
Bueno, pues ayer le vi. Y este año, tiene ya una barba bastante cana.
Estaba sentado en silencio en una mesa del txoko, y me sonrió con sus ojos al verme pasar.
¿Ya estamos en noviembre?- Pensé.
Y yo también le sonreí, agachando un poco la cabeza, como en una reverencia.
Mi hija, que iba de mi mano, no le reconoció. Yo no dije nada.
Y al salir, me sentí contenta.
domingo, noviembre 12, 2006
La casa de Santi (Y dos)
Está bien. Te lo contaré. Pero después de que lo haga, no quiero volver a hablar del tema, como si nunca lo hubieras oído. ¿De acuerdo?.
Intentaré escribirlo rápido para que duela lo menos posible, tanto para escribirlo como para leerlo.
Así que te ahorraré los detalles de cómo acabé aquella hermosa tarde de primavera, donde se supone que todo debía ser maravilloso, corriendo desesperadamente con la cara enrojecida por el llanto y la vergüenza y tres billetes en mi bolsillo en lugar de mi corazón.
Corría sin cesar y no recuerdo el esfuerzo, solo la necesidad de huir a alguna parte. A alguna parte. ¿A qué parte?.
Al llegar a una esquina me detuve. Jadeaba, y supongo que no podia pensar con claridad, así que sin más, entré.
Era la casa de Santi. subí los tres pisos y llegué a la puerta. Solo que ya no estaba Santi. Yo lo sabía por supuesto. ¡Todo el mundo lo sabía!. Pero no se, esperaba quizá un milagro. Como si por casualidad Santi hubiera vuelto a algo, o si tal vez, alguien hubiese ocupado ahora su lugar, y tuviera la puerta abierta a todo aquel que necesitara algo.
Yo necesitaba algo.
Llamé a la puerta haciendo mucho ruido. Pero nadie contestó.
Estaba tan cerrada que hasta el silencio hacía ruido.
Insistí, y en su lugar, un vecino, con cara de enfado abrió su puerta.
-¿A quien buscas?
-A Santi- dije con voz inocente, todo lo inocente que pude.
-No está. Le han trasladado hace ya un año. No hay nadie. Así que no hagas tanto ruido.
Y cerró la puerta.
Dos puertas cerradas. Y el ritmico tictac del contador de la luz. Casi parecia un latido. Una banda sonora.
Idiotaidiotaidiotaidiota eres idiota. Me repetía
Sí. Es cierto. Me contesté. ¿Y ahora qué?.
Y la luz se apagó.
Allí estaba yo, patética e irreal, en busca de un milagro absurdo. Y no quise moverme. No quise dar la luz, no quise que el tiempo pasara. Y seguí respirando con aquel latido.
Un olor a comida me recordó que la vida continuaba en alguna parte.
A pesar de eso, quise robarle unos minutos mas a la locura, y saqué los tres billetes que aquel tipo me habia dado (¿como indemnización?) y escribí con un boli tres mensajes en ellos.
Deslicé uno por debajo de la puerta de Santi. Metí otro en el cepillo de la Iglesia y me quedé con el último con la intención de gastarmelo cuando todo hubiera terminado.
Despues seguí caminando hacia mi casa despacio, muy despacio.
Ahora el tiempo era lo único que sobraba.
Aquella fue la última vez que fuí a casa de Santi.
Algunas veces aún imagino que sigue vivo.
Intentaré escribirlo rápido para que duela lo menos posible, tanto para escribirlo como para leerlo.
Así que te ahorraré los detalles de cómo acabé aquella hermosa tarde de primavera, donde se supone que todo debía ser maravilloso, corriendo desesperadamente con la cara enrojecida por el llanto y la vergüenza y tres billetes en mi bolsillo en lugar de mi corazón.
Corría sin cesar y no recuerdo el esfuerzo, solo la necesidad de huir a alguna parte. A alguna parte. ¿A qué parte?.
Al llegar a una esquina me detuve. Jadeaba, y supongo que no podia pensar con claridad, así que sin más, entré.
Era la casa de Santi. subí los tres pisos y llegué a la puerta. Solo que ya no estaba Santi. Yo lo sabía por supuesto. ¡Todo el mundo lo sabía!. Pero no se, esperaba quizá un milagro. Como si por casualidad Santi hubiera vuelto a algo, o si tal vez, alguien hubiese ocupado ahora su lugar, y tuviera la puerta abierta a todo aquel que necesitara algo.
Yo necesitaba algo.
Llamé a la puerta haciendo mucho ruido. Pero nadie contestó.
Estaba tan cerrada que hasta el silencio hacía ruido.
Insistí, y en su lugar, un vecino, con cara de enfado abrió su puerta.
-¿A quien buscas?
-A Santi- dije con voz inocente, todo lo inocente que pude.
-No está. Le han trasladado hace ya un año. No hay nadie. Así que no hagas tanto ruido.
Y cerró la puerta.
Dos puertas cerradas. Y el ritmico tictac del contador de la luz. Casi parecia un latido. Una banda sonora.
Idiotaidiotaidiotaidiota eres idiota. Me repetía
Sí. Es cierto. Me contesté. ¿Y ahora qué?.
Y la luz se apagó.
Allí estaba yo, patética e irreal, en busca de un milagro absurdo. Y no quise moverme. No quise dar la luz, no quise que el tiempo pasara. Y seguí respirando con aquel latido.
Un olor a comida me recordó que la vida continuaba en alguna parte.
A pesar de eso, quise robarle unos minutos mas a la locura, y saqué los tres billetes que aquel tipo me habia dado (¿como indemnización?) y escribí con un boli tres mensajes en ellos.
Deslicé uno por debajo de la puerta de Santi. Metí otro en el cepillo de la Iglesia y me quedé con el último con la intención de gastarmelo cuando todo hubiera terminado.
Despues seguí caminando hacia mi casa despacio, muy despacio.
Ahora el tiempo era lo único que sobraba.
Aquella fue la última vez que fuí a casa de Santi.
Algunas veces aún imagino que sigue vivo.
viernes, noviembre 10, 2006
Sueño Agridulce
Flotaba en la noche. Nunca he tenido problemas para volar en sueños. Sólo hay que poner un pie en la pared, luego el otro y te impulsas y ya esta. Te pones a volar.
Nunca habia estado en ese sitio, tan lejos. Y todo era fácil ademas. Y estabas tú. Me gustaba mucho porque nunca habiamos estado tan cerca. Luego me desperté.
Odio a los vecinos ruidosos. Los odio más que a los mosquitos. Me quedé con una sensción agridulce. Agridulce. Esa palabra siempre me recuerda a la salsa de los restaurantes chinos. Esa salsa anaranjada, semitransparente e indefinida, imposible de saber cómo está hecha. Mi mente se perdió entre salsas chinas y comida especiada. Y tú te perdiste una vez más en un pliegue de mis recuerdos.
Nunca habia estado en ese sitio, tan lejos. Y todo era fácil ademas. Y estabas tú. Me gustaba mucho porque nunca habiamos estado tan cerca. Luego me desperté.
Odio a los vecinos ruidosos. Los odio más que a los mosquitos. Me quedé con una sensción agridulce. Agridulce. Esa palabra siempre me recuerda a la salsa de los restaurantes chinos. Esa salsa anaranjada, semitransparente e indefinida, imposible de saber cómo está hecha. Mi mente se perdió entre salsas chinas y comida especiada. Y tú te perdiste una vez más en un pliegue de mis recuerdos.
lunes, noviembre 06, 2006
domingo, noviembre 05, 2006
La casa de Santi
Hasta lo que yo recuerdo, siempre dejaba la puerta de su casa abierta. Cuando digo abierta, es que no la cerraba nunca, como las puertas de las casas de los médicos que dicen eso de "pase sin llamar".
No se, supongo que cerraría la puerta por las noches, o cuando el estaba fuera. De cualquier forma, era frecuente que se llenara de jóvenes que no sabían que hacer en una tarde lluviosa.
Y qué decir de los desayunos de los domingos. Eran atómicos. Eso si, cada uno tenía que llevarse las galletas, o los bollos que quisiera comer, porque en la casa sólo había café. Pero allí, en la mesa, podías encontrarte toda clase de gente.
En realidad, yo sólo fuí en una o dos ocasiones, cuando me llevaba mi hermano. Y nunca me quedaba a oir las conversaciones. Primero porque era demasiado pequeña y no las entendía y segundo porque era demasiado pequeña y procuraban echarme de los lugares interesantes.
Recuerdo uno de esos domingos, en los que Santi no estaba, pero tenía la casa abierta y fuimos a desayunar.
Me metí en la sala donde encontré un chico de unos 18 años que escuchaba música en un viejo tocadiscos, sentado con una pierna por encima del brazo del sofá.
Sonaba Señora Azul. de Cánovas Rodrigo, Adolfo y Guzmán.
-¿Te gusta?- Me preguntó al verme asomada en la puerta
Asentí.
-A mi chica tambien le gustaba.- Dijo mirando amargamente al suelo. Seguramente se dió cuenta en seguida que yo era demasiado joven para escuchar penas de amor, así que me preguntó.
-¿Cuantos años tienes?
-Once. He venido con mi hermano. Está desayunando.-dije señalando la cocina.
-Ah, tu eres la hermana de Jorge, el que toca la guitarra.
Asentí de nuevo.
-Dicen que dibujas bien.
Me encogí de hombros.
-Dime sólo una cosa. Tú, cuando seas mayor, no harás daño a la gente ¿verdad? digo a la gente que te quiere, no le harías daño así como así, ¿no?
-No....- dije sin saber bien de qué me estaba hablando.
El sonrió al ver mi cara perpleja, y se levantó del sofá.
-Ven, vamos a poner otro disco. ¿Que musica te gusta?
Nos arrodillamos junto a la pila de viejos vinilos y eligió un disco de portada negra con el perfil de un jovencísimo e irreconocible Elton John, y eligió el primer tema, "Your Song". Los primeros acordes de piano me cautivaron y desde entonces, siempre me ha estremecido escuchar esa canción.
No pasó mucho tiempo hasta que mi hermano me sacó de allí para regresar a casa.
Nunca más volví a ver a ese chico, del que ni siquiera sé su nombre.
Hace poco recordé a Santi, y lo maravilloso que era. Todo lo que se preocupó por mí y todo lo que me quería. Bueno, a mi y a todos, es cierto. Y aquellos domingos del pasado volvieron repentinamente, como traídos por un viejo vendaval de otoño.
Y Pensé en aquel chico de las canciones tristes.
Y me pregunté, ¿por qué no le haría caso?
No se, supongo que cerraría la puerta por las noches, o cuando el estaba fuera. De cualquier forma, era frecuente que se llenara de jóvenes que no sabían que hacer en una tarde lluviosa.
Y qué decir de los desayunos de los domingos. Eran atómicos. Eso si, cada uno tenía que llevarse las galletas, o los bollos que quisiera comer, porque en la casa sólo había café. Pero allí, en la mesa, podías encontrarte toda clase de gente.
En realidad, yo sólo fuí en una o dos ocasiones, cuando me llevaba mi hermano. Y nunca me quedaba a oir las conversaciones. Primero porque era demasiado pequeña y no las entendía y segundo porque era demasiado pequeña y procuraban echarme de los lugares interesantes.
Recuerdo uno de esos domingos, en los que Santi no estaba, pero tenía la casa abierta y fuimos a desayunar.
Me metí en la sala donde encontré un chico de unos 18 años que escuchaba música en un viejo tocadiscos, sentado con una pierna por encima del brazo del sofá.
Sonaba Señora Azul. de Cánovas Rodrigo, Adolfo y Guzmán.
-¿Te gusta?- Me preguntó al verme asomada en la puerta
Asentí.
-A mi chica tambien le gustaba.- Dijo mirando amargamente al suelo. Seguramente se dió cuenta en seguida que yo era demasiado joven para escuchar penas de amor, así que me preguntó.
-¿Cuantos años tienes?
-Once. He venido con mi hermano. Está desayunando.-dije señalando la cocina.
-Ah, tu eres la hermana de Jorge, el que toca la guitarra.
Asentí de nuevo.
-Dicen que dibujas bien.
Me encogí de hombros.
-Dime sólo una cosa. Tú, cuando seas mayor, no harás daño a la gente ¿verdad? digo a la gente que te quiere, no le harías daño así como así, ¿no?
-No....- dije sin saber bien de qué me estaba hablando.
El sonrió al ver mi cara perpleja, y se levantó del sofá.
-Ven, vamos a poner otro disco. ¿Que musica te gusta?
Nos arrodillamos junto a la pila de viejos vinilos y eligió un disco de portada negra con el perfil de un jovencísimo e irreconocible Elton John, y eligió el primer tema, "Your Song". Los primeros acordes de piano me cautivaron y desde entonces, siempre me ha estremecido escuchar esa canción.
No pasó mucho tiempo hasta que mi hermano me sacó de allí para regresar a casa.
Nunca más volví a ver a ese chico, del que ni siquiera sé su nombre.
Hace poco recordé a Santi, y lo maravilloso que era. Todo lo que se preocupó por mí y todo lo que me quería. Bueno, a mi y a todos, es cierto. Y aquellos domingos del pasado volvieron repentinamente, como traídos por un viejo vendaval de otoño.
Y Pensé en aquel chico de las canciones tristes.
Y me pregunté, ¿por qué no le haría caso?
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